Un lienzo de Eduardo Rosales colgado en el Museo del Prado representa “La Muerte de Lucrecia”, mujer romana, que según Tito Livio, fue violada poro Sexto Tarquimio. La propia Lucrecia se suicidó para defender y recuperar su honor. Esto sucedió en el Siglo VI a.c.

Violación: “Delito que se basa en una agresión de tipo sexual que se produce cuando una persona tiene acceso a otra, mediante el empleo de violencias físicas o psicológicas o mediante el uso de mecanismos que anulen el consentimiento de los ofendidos. También se habla de violación, cuando la víctima no puede dar su consentimiento... incapacitados mentales, menores y personas en estado de inconsciencia.”

Al parecer una parte de este país ha olvidado que el 8 de marzo de este mismo año, la calle fue un clamor de voces de mujeres de todas las edades y condiciones, así como de hombres (justo es decirlo), en la que exigíamos a los poderes públicos y a la sociedad en su conjunto, acabar ya con la discriminación que siempre ha sufrido la mujer por el mero hecho de pertenecer a este género. Aquello no fue una explosión de “irritación femenina”, fue el convencimiento de que ya acabó la hora de pedir y solicitar y se iniciaba la hora de exigir, de reivindicar la Igualdad en todos y cada uno de los ámbitos en los que hombres y mujeres nos movemos. No queremos ser iguales. Queremos tener los mismos derechos, y ya está.

La múltiple violación llevada a cabo por la autodenominada “Manada”, y la polémica sentencia del tribunal que ha juzgado los hechos, no es nada más ni nada menos que la gota que ha hecho colmar el vaso. No es un hecho aislado, no es una sentencia aislada, se trata de una de las muchas que se vienen produciendo en nuestro territorio español y que han sido tratadas y despachadas como abusos sexuales (que también es gravísimo y una aberración que no tiene perdón ni de Dios, pero en caso de ser juzgados la pena es menor).

Es increíble pero cierto, que la violación sea el único delito en el que la víctima tenga de demostrar la suficiente resistencia y poner en peligro su integridad física. Curioso y razonable es que la propia policía aconseje a las mujeres que “en caso de sufrir intento de violación, no se muestre resistencia física para no poner en peligro la propia vida. Otro escándalo que demuestra la desigualdad a la que estamos sometidas las mujeres es la composición inicial de la Comisión General de Codificación (órgano que debe de comenzar la revisión de los delitos sexuales en el Código Penal) tras la sentencia de la Manada. Señalar: solo después de que los colectivos feministas pusiesen el grito en el cielo y comenzaran las manifestaciones en contra de “una composición en la que todos y cada uno de sus miembros eran hombres y cero mujeres, este órgano y el ministro de Justicia, se vieron obligados a pactar una Comisión Paritaria.

Otra vez obligados por la calle abanderada por las mujeres. Golpe a golpe, verso a verso / “como un pulso que golpea las tinieblas”/... ¿Veintiocho siglos después aún tenemos que reponer nuestro honor, jugándonos la propia vida para ser creídas por la Justicia?. ¿Es posible tanta ceguera?, ¿Es admisible tanto Corporativismo?.