Una vez cumplidos los sueños del ideal andaluz, de lucha por la igualdad con las nacionalidades más avanzadas de España, el reto autonómico se transformó en propiciar un buen sistema educativo y un gran servicio de salud. Cuando ya no cabe duda del fracaso educacional general, el SAS ha sido la joya de la corona. Vanguardia y ejemplo del mejor servicio al ciudadano, hasta que llegó la crisis. Las desgracias ocurridas en la Sanidad andaluza en los últimos años son la punta del iceberg del deterioro y prolongación de la crisis, más allá de lo razonable. Las listas de espera, la falta de previsión en la mínima contratación de personal, la improvisación en la atención a los enfermos, la desinversión y la racanería de las gerencias, parece que nos llevan a convertir la joya en baratija. Imprescindible acabar con los recortes. Tan escaso personal no puede dar un servicio correcto, ni recaer por más tiempo la responsabilidad de la atención en los profesionales que ya no pueden multiplicarse más. O se cambian las gerencias de la crisis, o se vuelve al sistema de valores. No podemos permitirnos languidecer en un declive permanente.