Alguna debilidad tengo que tener como humano que soy. La verdad es que me gusta más un refrán que rascarme un grano, de esos que salen cuando la primavera y la alergia alteran.

Por eso, tengo, ahora mismo ante mi cansada vista, “El refranero español”, un libro que aprecio tanto como a las niñas de mis ojos. Este saber popular se ha conseguido gracias a la observación constante de la naturaleza y de sus citas o variables constantes climáticas. Algo muy parecido ocurre con las cabañuelas, cuyo nombre deriva de las cabañas de los pastores. He de decir que el refranero de Jaén es una joya que nos legaron nuestros ancestros, quién sabe en qué siglo propagado. Jabalcuz, este altivo patriarca pétreo, omnipresente en todos los ángulos de los anteojos, o simplemente asomándose desde un balcón, forma parte indivisible de este trío refranero, y que no pierde vigencia así lleguen y pasen los siglos por venir. A saber: “Jabalcuz con montera, llueve aunque Dios no quiera”. “Jabalcuz con montera, y Mágina con capa, de esta nadie se escapa”. “Si la cima de Jabalcuz está ‘encapotá’, o llueve mucho, o llueve poco, o no llueve ‘ná’”.