Cinco días marcarán el comienzo del curso escolar la inmensa mayoría de alumnado, especialmente de infantil y primaria, que se incorpora a sus clases en un día festivo que marcará el reencuentro con profesorado y personal de administración y servicios, compañeras y compañeros de clase, así como familias que dedicarán su tiempo a conciliar su actividad laboral con la asistencia al centro educativo donde las ansias de conocerse entre todos, marcarán el inicio de la actividad docente y el desarrollo de todas las acciones programadas con antelación. Llegar al momento inicial no ha estado exento de la preparación, a veces con costes de infarto para las familias, de los medios personales, equipamiento de vestuario y material escolar, que convierte inversión familiar en una pronunciada cuesta de septiembre que difiere en ella según se haya optado por la enseñanza pública, privada o concertada. Cuestión que se complica con la disparidad de servicios, aula matinal, comedor, actividades complementarias, transporte, en las que la oferta y costes para cada familia cuenta con un abanico de gastos que no siempre se ajusta al puesto escolar en que por razones conocidas fue adjudicado durante los procesos de escolarización y matriculación. Las calificaciones de junio y las deseadas vacaciones de verano , a la vuelta a la normalidad de puesta en marcha del curso y preparar lo necesario, provocan en la comunidad educativa las manidas cuestiones durmientes en los últimos tiempos. ¿Qué pasa con lo mío?, se preguntan. Recordamos que hubo una crisis económica que frenó las reformas educativas en los centros, qué pasó con las TICs, dónde está la inversión y renovación del material de uso pedagógico, qué pasa con las ratios de alumnado cuando la disminución de la población es alarmante, Hablamos de acoso escolar?, en qué estado se encuentra la climatización de los centros educativos, y la atención a la diversidad?. Y los niños en riesgo de exclusión?. Al unísono, como cualquier familia que comparte inquietudes por las reformas educativas de este país, gritaríamos, ¡Pedrooooooo!.