Ya lo dice el refrán, pero estos días no solo se trata de una persecución despiadada a un político que se las ha estado dando de puro, reformista y anticaspa, quiero decir anti casta, sino de echar balones fuera, especialidad de la casa donde las hubiere. Qué exquisitos a la hora de olvidar delitos y faltas verdaderamente importantes, asuntos escandalosamente inaceptables o atronadoramente atroces. Qué detallistas cuando queremos, y qué desmemoriados también cuando queremos. Así que el debate sobre el casoplón —término ampliamente aceptado— presenta muchas aristas y resulta controvertido y complejo, qué duda cabe, más cuando ves al susodicho comprador corriendo —no hace tanto— un día por Vallecas con la célebre Ana Rosa, despotricando de los políticos que viven en chalets a las afueras, que no saben lo que es subirse al transporte público o lo que cuesta un café. Y más perlas que nos ha dejado, en las que no voy a abundar. A Pablo Iglesias le están pagando con su misma moneda los medios y el resto de adversarios, criticado incluso por su propio partido, acusándolo de cinismo e hipocresía, de decir una cosa y hacer otra, de realizar ahora todo lo que —no hace tanto— venía censurando. Esa misma moneda, no como valor de uso sino como valor de cambio, es el fenómeno del populismo, un boomerang que vuelve, y puede que mortalmente, contra quien lo lanza. A ver cómo lo digo: si necesitamos políticos que den ejemplo, necesitamos políticos que den ejemplo. Nunca se esperó de ninguno de izquierdas que no pudiera vivir cómodamente, como cualquiera que su economía se lo permita, amortizando sus cuotas o invirtiendo su herencia en lo que le plazca, pero el discurso demagogo y populista de Iglesias le delata. Efectivamente, hay mucho hijo de papá que va de rojeras, pero con hábitos burgueses o, lo que es muchísimo peor, pequeñoburgueses. Y en estos lares eso se paga mucho más que el estraperlo, corrupción, falseamiento de documentos, malversación de caudales, o cualquier dislate. Aquí somos así, y puede resultar contradictorio: no perdonamos las faltas pequeñas, pero hacemos la vista gorda con los errores de bulto. Ya se sabe que no solo hay que ser la mujer del César, sino sobre todo parecerlo. En el fondo, y no tan fondo, sino más bien como otra muestra de los tics de la política tradicional que tanto ha denostado, Iglesias se comporta como todo buen líder que emplaza a sus adeptos con un órdago: o yo o el caos. No en vano se formó en el PCE y salió del mismo lugar que luego ha fagocitado, para volverse doblemente impune e imprescindible, reforzado por las mismas trampas que vilipendiaba. Sin olvidar que Podemos e IU sumaron mucho menos de lo esperado, a este paso ocuparán un modesto 15 % —aproximadamente— que nos acabará recordando los tiempos de la pinza. ¡Arrea! Secundando a su Secretario General, el infausto y servil Monedero afeó las americanas de Errejón, justo antes de rebajarle de rango, pero no los más de 600.000 € de la hipoteca. Viva la coherencia. Hablan los sociólogos y especialistas en encuestas que en esta última semana Podemos ha caído más de medio millón de votos, que irá directamente al PSOE. Y no me extraña, mientras seguimos engañándonos con el polémico chalé, campan a sus anchas los Urdangarines y los Bárcenas. Aunque eso le da igual a la gente y, en estos casos, es sospechosamente secundario.