Últimamente vengo observando que la sabiduría acumulada por la humanidad sirve de bien poco pues, tanto individual como socialmente, seguimos tropezando en la misma piedra: se suele premiar más al díscolo o disidente del grupo que al cumplidor. A la persona responsable no se le suele respetar ni premiar sino que se le ningunea o ridiculiza. Siempre ha existido (y hemos estudiado) la jerarquía de valores para desenvolvernos individual y socialmente; mas, por desgracia, comprobamos que actualmente no es así, pues en la mayoría de los campos de la vida casi siempre consigue más el que protesta e infringe las normas establecidas. ¿Qué está pasando con nuestros políticos en nuestra España autonómica? Que los más rebeldes son premiados y agasajados, aunque estén pidiendo autodeterminación y desafiando la ley marcada por la constitución vigente. Por eso me permito afirmar que en demasiados ambientes españoles se premia más al díscolo o disidente que al que actúa y cumple con lo establecido. Y así nos va...