El “Vuelve, a casa, vuelve, por Navidad” resuena triste en mi cabeza mientras saludo a Rocío esta Nochebuena. Tras titularse, ha tenido que partir a Madrid, como sus compañeros Antonio, Elena, Ángel, Alejandra,... Todos ellos jóvenes brillantes, antiguos alumnos, y a los que no les queda más remedio que abandonar sus raíces para comenzar una vida profesional adecuada a su formación y capacitación. Y des-pa-cito, poquito a poquito, como el año se va, como las empresas salen de la inestable Cataluña, se desangra nuestra tierra, nuestros titulados deben elegir entre familia y paro o su maleta. Presente y pasado quedan. Tenemos una generación “sobradamente preparada” (error de concepto, nunca sobra la preparación, faltan otras muchas cosas para aplicarla), y una historia digna de un museo (Íbero), pero... ¿y el futuro? Con las uvas llega el día de las buenas intenciones, que nuestras propuestas no queden delimitadas por los agujeros del cinturón o las sesiones de gimnasio, seamos trascendentes, pensemos más allá. “Felices fiestas y feliz año nuevo” ya no es un deseo, es una obligación que tenemos de construirlo. Estos jóvenes, de Jaén, también merecen más.