No percibo signo de pudor en ella”. Uno de los argumentos que expone el magistrado Ricardo González para emitir su voto particular en la sentencia de la manada. Tampoco hay pudor en el que mira y juzga en ella la existencia o no de una violación. No hay pudor, en quien ante las mismas imágenes dicta libre absolución mientras que el resto de sala pide condena de veintidós años de cárcel. No hay pudor en quien con su sentencia ampara valores basados en la educación machista y misógina que rigen la juventud de nuestra sociedad. Que tiene el porno como única educación sexual y la prostitución como forma de entender las relaciones entre iguales. En pleno siglo XXI, la realidad está en el pudor o no, de los ojos que miran una violación y ven y sienten excitación sexual. No hay pudor para admitir la libertad de quien en manada busca su víctima. No hay pudor para admitir la libertad de la víctima que busca su manada. Hoy sin pudor, al asumir como valor y modo de relación la violencia entre iguales, la igualdad se vuelve contra las mujeres y la falta de pudor de los que juzgan esa libertad, tan recientemente conquistada, hacen que se vuelva siempre contra las mismas.