Algunos creen que los inmigrantes que llegan no dan un palo al agua, sino que pasan a vivir cómodamente en un paraíso. Al mismo tiempo, también se quejan de que los inmigrantes vienen a quitarnos el trabajo. Además, parece ser que el gobierno les ofrece exageradas ayudas, pero también afirman que los inmigrantes vienen a robarnos. La cuestión es, si de verdad están tan perfectamente acomodados, ¿por qué la necesidad de robar o de trabajar en cualquier cosa? Sencillamente son ideas erróneas y contradictorias, difundidas como la pólvora para propagar el odio entre aquellos con poco sentido crítico. Nadie puede aferrarse a su nacionalidad para construir sus argumentos, pues nadie ha hecho nada extraordinario para llegar a ser español o europeo: nos toca por suerte, una suerte que otros buscan para poder seguir viviendo. En cambio, a nadie parece afectarle tanto la presencia de aquellos extranjeros “de bien” que, tal vez no nos roban una barra de pan, pero sí millones de euros de la hacienda pública. En el fondo, está claro que el único problema es ser pobre.