Vendedores y publicistas de alimentos, bebidas, cosméticos, medicamentos, terapias, etcétera, aumentan sus ventas ofreciendo productos y servicios supuestamente 100% naturales, sin química. Según la profesora Deborah García, en su libro Todo es cuestión de química, esta estrategia químico-fóbica es como el bálsamo de Fierabrás, pues carece de pruebas científicas. También evitemos los excesos químicos en drogas, tóxicos, carburantes, etcétera. Su libro explica ejemplos de usos de los elementos de la tabla periódica y sus enlaces moleculares en la materia inorgánica, orgánica y las energías físicas. En las actividades humanas encontramos la química, desde la potabilidad del agua hasta las industrias del petróleo y las energías eléctricas, atómicas, etcétera. Por ejemplo, los aditivos alimentarios, colorantes, conservantes, edulcorantes, etcétera, regulados por la UE, son químicamente necesarios para alimentar a la población. El E-300, corrector de acidez en alimentos, ácido ascórbico o vitamina C, está en verduras, kiwi, cítricos; emplear esos conservantes químicos es tan natural como encontrarlos en esas frutas. La naturaleza es realidad química ajustada; comprender la química nos ayuda a vivir más eficazmente.