La brecha insolidaria existente entre los derechos de hombres y mujeres será invocada con toda seguridad y vehemencia el próximo 8 de marzo, al igual que se ha producido con las movilizaciones de los jubilados de los últimos días que con toda razón se sienten ninguneados por el insulto a su inteligencia del cero veinticinco por ciento del incremento de las pensiones.

El trato discriminatorio, en salarios, responsabilidades políticas y sociales que soportan las mujeres es intolerable. Discrepo del criterio exhibido por algunas autorizadas voces de las discriminadas que aportan soluciones lideradas exclusivamente por mujeres, con exclusión del denominado, en sentido peyorativo, patriarcado. Pienso que el problema subyace en toda la sociedad porque es ésta la que ha de sentirse zaherida y, en definitiva, perjudicada por la expresada brecha insolidaria. La voz de los hombres debe de explicitarse en el sentido de rechazar, con toda energía, la desigualdad, el trato vejatorio, la cosificación de que son objeto las mujeres. Tendría que ser suficiente con el cumplimiento de la legalidad vigente, artículo 14 de la Constitución Española y toda la normativa que la desarrolla. Pero ello no es así, porque el virus de la desigualdad emponzoña las relaciones jurídico-privadas. Y aunque se cumpliera la equiparación de salarios entre unas y otros, en el sector público sigue siendo lamentable la carencia de oportunidad social y también política de unas, con la anuencia cobarde y culpable de los otros.

Omito estadísticas ya publicadas sobre consejos de administración en lo concerniente a intervención de mujeres con responsabilidad en las grandes empresas. Son mujeres y hombres los que al unísono deben clamar por una igualdad que aún está muy lejos de lograrse. Resultan bochornosos los análisis que se han realizado por la derecha en el poder. Podría explicarme alguien qué significa una huelga a la japonesa, a la que invita una cualificada voz del Gobierno. Pretende decir que las mujeres en lugar de la huelga que programan, trabajen exhaustivamente hasta la extenuación. Pues vale. ¡Vaya tontería!

Hasta dónde llega la percepción que los instrumentos de cultura que nuestros escolares manejan, sobre hombre y mujer, se encuentran intoxicados, basta con leer la información de cualquier Diccionario de la Lengua: Voz hombre: varón, con los siguientes adjetivos que lo califican: bueno, de bien, de negocios, de estado, de pelo en pecho etcétera. Voz mujer: casada, con relación al marido, de la vida, de mal vivir, fácil, fatal, pública, ramera.