Desde las altas esferas de la política dicen que se quiere promover el desarrollo rural. La realidad es bien distinta: pequeñas aldeas y cortijos abandonados, carreteras intransitables, falta de escuelas y de atención médica, nulo acceso a internet...

El éxodo continúa. Los jóvenes marchan a las ciudades a estudiar, soñando un futuro mejor. ¿Qué encuentran? Educación en crisis, trabajos basura, y, a veces, la necesidad imperiosa de regresar de nuevo a sus lugares de origen.

Los pueblos solo interesan para hablar de turismo en época de vacaciones. ¡Qué mérito el de los mayores que aún se aferran a su medio rural para sobrevivir!

La provincia de Jaén, como reza el lema, es un verdadero “paraíso interior”. Un oasis de bellezas ocultas, con una riqueza, cultural y paisajística, inigualable. Sus importantes pueblos-ciudad conviven con pequeños núcleos de población que nunca deberían morir. Este diario se ocupa de sus gentes, como debe ser. Gentes que trabajan de sol a sol y que representan la parte más noble y abnegada de nuestra sociedad. Ay, los pueblos! ¡En ellos residen las bases de nuestro sustento y las esencias de nuestras costumbres y valores!