Se repiten cómo la morcilla. Cada vez que los pillan en un fuera de juego, salen con la misma letanía; se ponen llorones y aparecen cómo víctimas: “lo que se me ha hecho a mí no se lo han hecho a nadie, ni en España ni en ningún otro lado”. Este es el mantra que va vendiendo Casado con lo de su máster, azul oscuro casi negro. Hace muy poco, cuando le preguntaban a Rajoy sobre su etapa de vicepresidente con Aznar, decía lo mismo: “no me acuerdo, es un asunto muy antiguo...” Afirmaba hace poco Casado, que los trabajos los tenía en su ordenador; ahora, dice su portavoz que seguramente ya no tiene el ordenador, que lo habrá cambiado: blanco y en botella. La jueza lo investiga por cohecho impropio y prevaricación administrativa, supone que se lo han regalado por la cara, cómo a la Cifuentes y a otros dirigentes del PP de la época. Se ha enrocado, como la Cristina, hasta que la evidencia se le caiga encima y lo de “el breve” tome forma. El día que vaya a declarar le podían cantar el estribillo de una de los No me pises que llevo chanclas: “Che, che, documentación, che, che, los papeles del camión”.