Nos guste o no, la economía domina más que nunca el mundo artístico, más allá de esos pequeños reductos independientes que aún permanecen ajenos a ese mercado. Ya existía literatura o música sin apenas calidad y que igualmente triunfaba entre las masas, pero ahora el problema se ha disparado. Internet está permitiendo fabricar productos culturales únicamente en base al número de seguidores y la popularidad previa del creador. Es cierto que nadie nace sabiendo y que todo autor debe ascender en un camino de práctica y búsqueda en cuanto a su obra. Sin embargo, ahora el éxito puede alcanzarse desde el principio o incluso antes, pues todo se reduce al marketing y los séquitos de fans que comprarán el libro o el disco de esa persona a la que siguen, sin importar la calidad de los mismos. Por tanto, ya no hace falta esforzarse en mejorar, en ofrecer una obra de calidad, o en ir creciendo como artista. Lo único que importa son los números, y si quieres que conseguir el apoyo de una firma que apueste por tu obra, sólo tienes que ofrecérselos.