Nos situamos frente a la realidad como si fuese una suma de hechos, como si estos fueran los detalles de un cuadro, sin considerar que es el cuadro completo quien da sentido a los detalles. Me comentaba Natalia tras una visita a los asentamientos Saharauis. Su mirada de diseñadora industrial me permitió entender cuan equivocados miramos.

En una sociedad de la imagen carecemos de la compresión de su lenguaje. Comprender una composición requiere de tiempo para descubrir lo que se intuye. Sin un análisis sosegado elevamos la intuición al rango de verdad absoluta. Esta es solo indicio. Esclavos de la era digital, esperamos que su gestión temporal nos permita superar el estrés desde el que gestionamos la información, la percepción de la realidad. Conocer no es comprender. Se requiere meditar. Damos valor a los argumentos de terceros en cuanto nos ofrece una idea que nos garantiza conseguir el sueño. Las expectativas que has construido porque te dijeron que era el objetivo, te dijeron que tu realidad era el cuadro cuando era uno de los detalles. Se construyó un discurso y un relato creíble al que las personas se sintieron vinculadas explorando la diferencia como un hecho de maltrato sociocultural. El contraste entre pueblos estaba siendo atacado por lo que nos igualaba. La respuesta era y es: “Si algo me ataca es malo, he de eliminarlo junto a lo que le rodea”. Se construyó una realidad cultural exclusivista y fanática. Es la naturaleza de la construcción nacionalista. El discurso abertzale y el republicanismo catalán tienen esta misma naturaleza y están ante el dilema de cómo gestionar el fracaso del discurso. La frustración.

Este momento histórico permite ver como la gestionan los dirigentes políticos creadores de una estrategia participativa basada en la obsesión colectiva de tener control sobre la idea de defenderse, sin destacar que sus expectativas, ya que estaban dentro del cuadro. Esa necesidad de tener el control les hizo crear una realidad paralela que solo ellos ven. De ahí que se quiera ver como conflicto, cuando en democracia el conflicto se gestiona en el parlamento. La democracia no es un método de votaciones, es la gestión de la toma de decisiones desde el diálogo y la concertación. Por eso es irreal buscar mediación internacional cuando existe el espacio para tratarlo. Asistimos a una teatralización pública con el objetivo de justificar sus conductas y discursos, para mantenerlo perdurable en el tiempo; no estamos en el error solo nos replegamos para mantener la expectativa. Huidas para que la historia los siga considerando héroes y no plebeyos, honorables y no culpables, dioses de la política frente la ciudadanía mortal.

Existe un problema social, una causa estructural obsesiva que permite la reproducción de líderes que juegan desde el tablero constitucional para impugnar las reglas del mismo con ánimo salvador de los pueblos. Tendenciosamente desde la ambición y la soberbia que les da creerse poseedores de poder. No entienden que es un préstamo de la ciudadanía a quien han de considerar. El resto no entendemos que debemos mirar “el tablero” de la ciudadanía española desde un marco común para que las reglas inviten a jugar. Mientras solo huimos adelante. En algún momento habrá que comprender que nos quería decir realmente Goya en su serie de grabados “caprichos”. Nunca, si no los vemos en su conjunto.