Uno pensaba que en Cataluña ataban los perros con butifarras y todo lo novedoso y progresista (de un lado y otro del arco) provenía de allá, para nuestro disfrute previo pago, claro está, y se queda pasmado con la última parida de sus preclaras mentes. ¿Que cuál? Nada menos que volver al lechero ambulante o de la esquina con su cántaras, sus cacillos y sus trasvases y su vigilancia para que los municipales no le midan la calidad del producto (que algo se puede hacer para que rinda más). Recuerdo aquella forma de vender la leche en mi pueblo, porque estábamos atrasados. Que tenía mejor calidad que lo que nos venden en botellas o cartones, puede que sí, porque no estaba tan tratada en procesos de deconstrucción (mire, a la leche se le quita el calcio y luego se le añade para venderla como especial, un engaño); pero es menos higiénica no se dude. La llamada leche del día, que se presenta en bolsas, es la más aproximada a la natural y tiene garantías de salud. Así que el invento catalán, de signo pijoprogrenaturalista, es como el de no vacunarse. Majaderías.