Desde que llegamos al mundo, nos inculcan que todos nuestros esfuerzos han de ir encaminados a lograr alcanzarla. Nos ayudan los mayores con sus medios desde bien pequeños a buscarla, y cuando somos niños, creemos que algún día será nuestra. Incluso creemos tenerla en nuestras manos en momentos puntuales. Luego, con el paso del tiempo, la vemos más inalcanzable y comenzamos a conformarnos con rozarla, con compartir con ella etapas de nuestra vida, días, minutos, instantes. Con eso, casi nos basta. Al llegar los últimos años de nuestras vidas, recordamos la época en que la tuvimos cerca, y casi con esos recuerdos, parece que la volvemos a saborear. En realidad, es un estado momentáneo que nos proporciona placer. Está muy relacionada con el ser humano y las condiciones que nos imponemos para llegar a ella. Hay quién dice tenerla plenamente sin necesitar algo material, mientras que otros a los que nunca les ha faltado nada, ni siquiera la han visto de lejos. Tal vez, el error sea buscarla porque ella llega cuando quiere. Pero no olvidemos que, grandes canciones, poesías, películas e historias, nacieron de su ausencia, por lo que quizás sea hasta mejor no tenerla totalmente .