Cómo han cambiado los veraneos, nada que ver con los de antaño! Antiguamente eran los ricos los que pasaban el estío en el norte peninsular y hasta estaba mal visto venir quemado como un agricultor del campo. El color blanco en la piel y el rostro eran señales inequívocas de pertenecer a la clase alta. Ahora es todo lo contrario: en cuanto más moreno estés, mejor habrás veraneado y tendrás más prestigio social; y eso que ya estamos más que alertados de los cánceres de piel que se producen todos los años por su culpa. Y es que las modas van transformando y cambiando los cánones de belleza, las costumbres, los modos de vida, etc. Las vacaciones, en general, y las estivales, en particular, son una moda que nos han impuesto desde arriba por una serie de intereses económicos como que el turismo es nuestra principal fuente nacional de ingresos, de los que puede surtirse y crear riqueza para todos. Ya a nadie se le ocurre reivindicar que se puede veranear en casa, aunque sea más barato, más cómodo e incluso más higiénico. Se le tacharía de reaccionario y contrario al progreso. Ahora lo que realmente se lleva es estar de la ceca a la meca, siempre de culo en burra, montándote en cualquier medio de transporte terrestre, marítimo y/o aéreo (aunque tengan siempre programadas huelgas ad hoc), termines machacado y no te dé tiempo a meter la ropa en la lavadora ni a hacer lo más elemental en casa. Claro que a lo mejor es que tienes que tener cierta edad, suficiente dinero y cabeza para acometerlo. De todas formas yo respeto la forma de pensar y actuar de cualquier ciudadano a la hora de tomar sus vacaciones, pues es casi obligado, si se vive en una comunidad colmena, con un pisito de 25 metros cuadrados, como pregonaba aquella ministra del ramo. Tampoco creo que sea bueno embarcarse en un préstamo a pagar durante todo el año por irse lejos de donde se vive para tener el prurito de decirle a las amistades que has estado al otro lado del mundo. De todas formas, de un tiempo a esta parte, viste mucho decir que se ha ido al extranjero a pasar las vacaciones, habiendo tantas cosas bonitas y cercanas en nuestro país; pero como sobre gustos hay tanto escrito.