Nació en 1993 y en este tiempo, hasta 2018 han estudiado sesenta y cinco mil alumnos y yo. Como antigua alumna asistí al I Encuentro de Egresados de la Generación UJA, un acto para el reencuentro y también un homenaje para nosotros, aquellos que trabajamos gracias al título de la Universidad, y que ponemos a Jaén en el mapa, y eso es muy bonito. Se habló de la importancia de esta institución para Jaén y para la provincia. Y también para sus alumnos, porque en esa etapa es cuando decides quién quieres ser y no olvidas: las tertulias en la cafetería, las catas de cerveza Alcázar, los jueves noche y tu última asignatura. Mi primer recuerdo es para el autobús que nos llevaba como sardinillas en lata, y que si te despistabas acababas en los Prados. Estrené un plan nuevo que significó tener tan solo un billón de asignaturas, así que repartía mis apuntes entre las bibliotecas del Seminario, Parque, Universidad Popular, Magisterio, Peritos e incluso la del campus. Los edificios nacían como setas. Recuerdo asistir a la inauguración de la segunda cafetería. Me encantan las columnas verdes de los pasillos que unen los edificios de nuestra Universidad, que es la más dulce e inolvidable del mundo, ¿por qué? porque huele a galletas recién horneadas.