Hala Lola, ea, se fueron a las olas de las medusas urticarias, aunque para eso está el vinagre o el amoniaco de la vejiga del orín, algo guarro, por cierto, pero de eficacia demostrada, y dejaron atrás este mar jaerense de olivos picuales y en invierno poblado de zorzales, o de cornezuelo, que tanto le gusta al hijo, a la nuera y al yerno. Es verdad. Por estos andurriales ver los barquitos veleros no son momentos puntuales. Todo olivos, no esperes boquerones, sepias, camarones o cangrejos, pero sí en cambio, grajos, caballitos del diablo o algunos alacranes. Jaén se ha quedado más vacío que el ojo de un tuerto porque a la playa se fueron, y ahora están sentados en el chiringuito dándole a la cerveza y al pescaíto frito o a la sardina, al espeto que merece todos mis respetos por ser la sardina malagueña un manjar exquisito, de primera. Aquí estamos en la terraza con la cerveza, sangría y el tinto de verano, eso sí con el vaso lleno de cuernos con sabor a hierbabuena. La igual es una filosofía más. Los que tienen dinero se van y los que cobran poco a esperar tiempos mejores si es que han de llegar. Caigo en la cuenta. Menos gente, menos ruido, algo es algo, Marcelino.