No me ha pasado inadvertida la reciente presencia de Juan Luis Cebrián en la sede de La Real Sociedad Económica y Amigos del País de Jaén donde impartió la conferencia “La posverdad”. Este ilustre y controvertido periodista fue director-fundador del diario “El País”, periódico relevante por sus aportaciones al proceso de la Transición. Según Diario JAÉN, en el salón de actos de la Económica disertó, entre otras cosas, acerca de “cómo es el paso a la sociedad digital” y “las consecuencias nefastas en los medios de comunicación”, sobre todo las referidas a la tradicional prensa escrita. A mi pesar, no pude asistir a su conferencia, lo que me motivó para releer su libro “La Red”, publicado en 1998 y editado por Taurus. Hace veinte años explicaba cómo cambiarían nuestras vidas los “nuevos medios de comunicación” y la relevancia de la “conquista del Ciberespacio”; así aparecían nuevos conceptos como el “gobierno del ciberespacio”, la “sociedad global” que distinguía entre los enganchados o no enganchados a la Red. En educación predecía que habría “aulas sin paredes” y “profesores autodidactas”...

Al final del libro hice anotaciones sobre su contenido y la evolución histórica de las TIC en un periodo comprendido entre los siglos XV-XX. Me ayudé dibujando una pirámide escalonada cuya base la ocupaba la invención de “la imprenta” (el periódico, los libros...). En los siguientes escalones coloqué los nuevos inventos tecnológicos que iban surgiendo: el teléfono, la radio, la televisión, el vídeo, la informática (ordenador), la multimedia (CD–ROM), y en el vértice de la pirámide situé “la Red” (Internet, Infopistas...) rodeada por una gran bola que representaba el Ciberespacio.

Hoy sabemos que esta Revolución Digital es irreversible y nos sentimos relativamente felices con esta realidad en la que los países desarrollados se han integrado: trabajamos, enseñamos y aprendemos online, nos comunicamos y visualizamos por Whatsapp, Facebook, Twitter, Instagram, You Tube, Google+...

La Era Digital tiene efectos negativos: Los medios de comunicación nos alertan del Apocalipsis de la Humanidad al estar nuestro destino en manos de unos pocos desalmados (Trump, KinJong-un...) que se divierten como niños diabólicos con juguetes bélicos provistos de un botón rojo. Estos líderes centauros son capaces de acabar con las ilusiones de la gente, de su apego a la vida, de sus proyectos... y nos hace pensar, por momentos, que nuestra existencia es un excremento. En la actualidad política española estos inventos tecnológicos han favorecido la realidad virtual y la mentira del saltimbanqui Puigdemont, que no reconoce que la matrioska territorial (España, C. A. de Cataluña, provincias catalanas — y últimamente Tabarnia—) ha llegado ya a su última muñeca, la maciza, la indestructible, la que representa a la mayoría de la gente. Las dos anteriores que él manipula están huecas y simbolizan el disparate goyesco de este aprendiz de bufón. Si he de elegir, yo prefiero un bufón de verdad, un referente mundial del teatro independiente como es Albert Boadella que parodiando este delirio colectivo catalán se ha autoproclamado Presidente de la República de Tabarnia, acompañándole como primer ministro el propietario de La Bruixa d’Or. Al menos, tendríamos la posibilidad de revivir la genialidad de “Els Joglars” y disfrutar de una vida más llevadera bajo el paraguas de la diosa fortuna.