Caramita. Tenía “de doce a catorce años” en 1878. Una heroína fugaz. Su hazaña fue “trending topic” en la prensa mundial. De idioma en idioma, se perdió su nombre real. Acaso fuera Carmencita. El padre de Carmencita, agricultor y ganadero en La Carolina, acababa de hacer un buen negocio. Que tenía dineros en el cortijo se supo pronto, que en la finca el hombre faltaba y no quedaban más que la esposa y la hija. Tardó poco en presentarse una pareja en demanda de refugio para la mujer, mientras el marido buscaba auxilio médico. La niña advierte un detalle chocante. Bajo del vestido, aquella mujer viste pantalones. Avisa a la madre y se atrincheran en el dormitorio principal. La falsa dama se da cuenta y a facazos casi destroza la puerta. Carmencita encuentra la escopeta de su padre y le descerraja un tiro al ladrón. Al oír el disparo, el cómplice vuelve. El ruido alerta también al labrador y a la Guardia Civil. Todo acaba bien. Un diputado por Jaén escribe una carta con los hechos a la prensa de la época. Hay quien la propone para una medalla. Nunca pasó de los periódicos a los libros de historia, ni siquiera a los de historia local. @margareig