El Diccionario de la Real Academia Española, en su segunda acepción, define manada como “conjunto de ciertos animales, de una misma especie que andan reunidos”, y nos pone como ejemplo “manada de pavos, de lobos”, ahora habría de añadirse también “de descerebrados, incívicos, abusadores, hijo de madres y padres de moral distraída, malhechores, infractores, hampones, fascinerosos, delincuentes”, y así hasta el infinito. Todo ello después de ver una sentencia por parte de la Audiencia Provincial de Navarra en la que se condena a los acusados del juicio de “La Manada” a nueve años de prisión por abuso sexual de una joven, hasta aquí, más que justificados los adjetivos. Sin embargo, no por violación, que habrían sido otros nueve años más. Respetemos la sentencia y la presunción de inocencia, toda vez no han sido condenados por violación, aunque al parecer es una cuestión de matices. Habríamos de adentrarnos en concretar qué se entiende, pues, por semejante hecho reprobable, aunque baste nuestra opinión por el momento al no ser técnicos. Con todo, debo confesar que me abruma e introduce en un mundo de desesperación este tipo de acciones, de actitudes, de comportamientos. No puede entenderse cómo unos seres humanos pueden atentar contra la libertad de una persona y se le pueda abusar sexualmente.

Que una mujer, como es el caso, sea víctima de vejaciones y aberraciones por parte de una perversa caterva de depravados, debiera ser castigado severamente y sin contemplaciones con todo el peso de la ley. ¡Todo! Creo que nuestras retinas se están acostumbrando a percibir y asimilar una realidad cada vez más abominable dentro de un contexto de asiduidad, pero no por ello debemos desistir en una persistente lucha con el firme propósito de erradicar esta podredumbre social en forma de “manadas”. Seguramente, algún día, estos integrantes de la atroz mesnada, serán también padres y sabrán conceptuar exactamente el valor de sus hijos para entender cómo deben de sentirse hoy los progenitores de esta chica que –reiteramos– atendiendo a una sentencia, contra su voluntad, ha sufrido una serie de asquerosos, repugnantes y repulsivos abusos.