La música está presente en nuestra vida de tal modo que nos conecta con nuestras emociones. Son muchos los que han incluido en la cotidianeidad de su tiempo lecciones sobre el aprendizaje que obtenemos de la música. Y es que esta es la banda sonora de la vida, como apunta Dick Clark. La vida, si la medimos a través de etapas, seguramente en cada una de ellas extraeremos diferentes bandas sonoras que al escucharlas nos acercan a ese momento exacto en el que experimentamos una situación única para cada uno de nosotros. Somos arquitectura del tiempo y la música, por ende, es como una arquitectura fluida, como bien afirmaba Joni Mitchell. Algunos hospitales comienzan a implantarla en sus terapias pues los beneficios que cada nota musical nos aporta, aunque falten algunas evidencias científicas, son significativos. La música que escuchamos, la música que tocamos a través de un instrumento, etcétera, nos da momentos de felicidad en un mundo donde el ruido es un intruso irremediable.