A todos nos ha alegrado, recientemente, conocer la noticia del hallazgo, en nuestra provincia, de un nuevo tesoro arqueológico. A los extraordinarios descubrimientos en el yacimiento de Cástulo o del Anfiteatro de Porcuna entre otros, se une ahora el importantísimo hallazgo del Arco de Juno, que se sitúa en el municipio de Mengíbar. Este emplazamiento, que delimitaba las provincias Bética y Tarraconense, constituía un enclave fundamental en la cartografía de la Hispania romana, puesto que era el lugar desde el que se comenzaban a medir las distancias en la Vía Augusta, la principal calzada de la Península Ibérica, que siguiendo el ilustrado criterio de los sabios expertos romanos, atravesaba el territorio que hoy ocupa nuestra provincia, que constituía un eje fundamental en la conexión norte-sur. Sin embargo, en nuestros días, a la hora de diseñar e implantar el mapa de las comunicaciones de nuestro país a través de las líneas ferroviarias de alta velocidad, Jaén ha quedado excluida en dicho reparto. Nuestra provincia, una vez más, no ha sido invitada a la fiesta. Mientras otros territorios podrán aprovechar la inercia del ferrocarril más veloz para impulsarse hacia el futuro, a los de Jaén nos toca ver pasar el tren del progreso, desde la distancia y la decepción. Resulta desalentador, porque el tren AVE constituye un elemento de vertebración social, económico y territorial de España, y Jaén por lo tanto ha quedado invertebrada. El mayor esfuerzo en modernización de infraestructuras de nuestro tiempo ha decidido ignorar a nuestra tierra. Nos hemos quedado sin la médula espinal del progreso. La pobre Jaén, que ha quedado invertebrada, continuará por tanto, en actitud sumisa, con la espalda doblada, incapaz de erguir su inexistente columna lumbar. Y será la única provincia de Andalucía, y de nuestro entorno geográfico, que seguirá sin poder apoyarse en el sostén ferroviario que constituye la espina dorsal de España. De modo que corremos el riesgo de convertirnos en un apéndice flácido en la anatomía de nuestra nación. Nuestra olivarera geografía puede llegar a sufrir serios problemas de motricidad, sin aparentes “vías” de solución. Mientras las provincias vecinas disfrutan de su recién adquirida agilidad sobre raíles, aprovechando semejante fuerza motriz y dinamismo en aras del desarrollo territorial y de la modernidad, nuestra pobreza esquelética, nuestra carencia vertebral nos obliga a seguir arrastrándonos hasta alguna provincia limítrofe, cuando necesitemos hacer uso de un transporte público adecuado. Obviando las promesas expresadas en diversos planes anteriores, finalmente las distintas administraciones de diverso signo político, nos han condenado a esta condición invertebrada, haciendo caso omiso de la realidad geográfica y despreciando la lección de la historia. Han pasado por alto los criterios de todas las civilizaciones que hicieron de nuestra tierra, a lo largo de los siglos, una auténtica encrucijada de caminos, empezando por nuestros antepasados romanos, que eran conscientes de la ubicación crucial y privilegiada de Jaén y por eso la dotaron de importantes infraestructuras. Ahora, dos mil años después, esas utilitarias construcciones, se han convertido en tesoros arqueológicos de enorme relevancia que, lamentablemente, muchos miles de potenciales turistas no podrán visitar a través de un transporte público acorde con los tiempos, interconectado y de calidad.