Resulta que aquello en lo que más deberíamos creer es una auténtica utopía. Todo lo mueve el interés y el oportunismo. Sin leyes justas, la sociedad es un patio de recreo donde impera el juego desordenado. Pongamos, en este caso, que hablamos del ajedrez y somos peones que avanzan sobre un tablero comprometido a la batalla. Salirse del juego, es perder la partida y, ganarla, es quedarse sin nada también, porque al final, como dicta un proverbio italiano: “Una vez terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja”. Es algo que no deja de evidenciarse cada día. Somos seres vulnerables y, como tal, nos igualamos dos días; al nacer y al morir. Las diferencias, las marcamos en nuestra vida. Últimamente cuando aparece la Justicia, se hace más fuerte y más notable en nuestro país, la Injusticia. Las sentencias y sus errores. La Justicia y su inhumanidad, que poco deberían decir de ella y, al contrario, dice mucho. Y lo dice, por ejemplo, a través de la víctima de la Manada. También, a través de Juana Rivas y a través de nuestras plazas mutiladas por la política y sus malas negociaciones. Lo que muere, muere un día y no vuelve. La injusta Justicia se lo lleva.