Es un país flotante que cada año cambia de lugar, de bandera y de canción. Siempre recordaré el festival del 12 de mayo de 2018, con la cantante israelí Netta y Alfred y Amaia “porque nunca llegué a imaginar que viajar a Eurovisión sería real”. Que se celebrara en Lisboa era una oportunidad única, ¡había que ir! Y más por conocer al ganador de la pasada edición Salvador Sobral. Con amigos, risas, carretera, la entrada en la mochila y la bandera de España al cuello. Sin saber lo que iba a pasar. Mis doce puntos van para el pabellón y el momento en el que descubro el escenario para veinte mil espectadores, ¡madre mía! Veo luces, arcos, aplausos, los sofás blancos de los intérpretes, banderas, decorados que cambian, estribillos, bailes y fuegos. ¡Estoy dentro del programa de televisión más antiguo del mundo! Nació en el año 1956 para contentar a una Europa que vestía de postguerra. Me gustaría escribir como canta Sobral. Él usa gestos, lágrimas, deseos y en su voz las palabras tiemblan, se desnudan, lloran. Dicen que para enamorar en una cita tienes que conseguir cambiar el ritmo cardíaco de la otra persona, creando un recuerdo alegre. Yo almaceno recuerdos alegres al escuchar a Salvador, él me enseña cómo es enamorarme por penúltima vez.