El miércoles por la noche observé, atónito, el primer bocado agresor a la plaza del Deán Mazas. Difícil de creer. Las hordas municipales de este Jaén todo a Cien han vuelto a enseñarnos el colmillo canalla y hortera del que hacen gala, sin anestesia. Lo primero que se me vino a la cabeza fue calcular cuántos veladores más cabrían en los cuatro setos arrasados. En esta ocasión, la unanimidad es casi total, el rechazo generalizado y la respuesta ciudadana potente, al contrario que en agresiones anteriores al patrimonio. Pero a esta cuadrilla de iluminados consistoriales no se les mueve ni una pestaña, ellos a lo suyo, que resulta que no es lo de la gente. Llevan así mucho tiempo, pasándose por el forro de la entrepierna el sentido común y lo único que espero es que, de una vez por todas, las urnas les pasen factura y los manden a sus campos a hacer barbaridades. Venía de ver otro pasón, pero de los buenos, el partidazo de cuartos entre Nadal y del Potro, que en 4 horas y 48 minutos hicieron historia sobre la hierba de Wimbledon. Aquí somos más de pista dura y poco arte. ¡Mala ruina les venga!