Artículo 50 de la Constitución Española: “Los Poderes Públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad”.

Esta generación a la que ahora ya pertenezco, sale a la calle a reivindicar unos derechos que les prometieron que les acompañarían a lo largo de la vida, y que estaban basados en el llamado “Estado del Bienestar”, al que hemos colaborado con nuestro trabajo, con nuestras cotizaciones y con un sistema de pensiones basado en la solidaridad (pensiones con un tope máximo aunque se haya cotizado muy por encima, como es el caso de los pensionistas de pensiones máximas, que dejan de cobrar una parte de lo cotizado para que ésta revierta en las “no contributivas”. A ver, se está jugando demasiado con los abuelos y abuelas, y se nos está imponiendo el estar más productivos que nunca, porque además de rebajarnos las pensiones, se nos está dorando la píldora para que sigamos siendo el sostén de hijos e incluso de nietos. ¿De qué va esto?

Justamente los que ahora cobramos lo cotizado y menos de lo cotizado, fuimos en una gran mayoría aquellos que nos implicamos de muchas maneras en la consecución de una sociedad más igualitaria. Aquellos que trabajamos con ilusión para dar a nuestros hijos un país más justo, más seguro y más próspero. Lo hicimos con ilusión y ahora lo seguimos haciendo a pesar de la decepción que a muchos de nosotros nos socava el corazón.

Las marchas, concentraciones y manifestaciones para tratar de evitar que las pensiones en este país bajen estrepitosamente y se instale en el futuro de nuestros hijos la pensión privada, como el complemento necesario para malvivir en su futuro incierto, debería de hacer recapacitar a los que tienen la sartén por el mango, y el mango también.

A nosotros no nos tocaba salir ahora a la calle otra vez para reivindicar y proteger lo de los demás. Nos tocaba gozar del júbilo y de la posibilidad de hacer de nuestro tiempo aquello que nos venga en gana. No. No tenemos que convertirnos en héroes ni en el colchón que pare la dureza de una sociedad que mayoritariamente está pagando las consecuencias de la crisis económica y que miren por dónde ha afectado sin piedad a los de siempre: Jubilados, mujeres, jóvenes, trabajadores en precario, pequeños empresarios.

No nos sentimos ni queremos ser imprescindibles. Tenemos derecho a vivir más y mejor, y a percibir pensiones dignas y públicas. Tenemos derecho a una vida más larga y de mejor calidad. A partir de los 65 tenemos objetivos y no nos dejamos manipular. No somos el relleno de los socavones que las deficientes políticas están produciendo. Divide y vencerás. Esas son las políticas efectivas que tratan de evitar que las marchas por la dignidad se sigan produciendo. Esto es peligroso. El Pacto de Toledo fue la Comisión que buscó acuerdos y despolitizó este tema. Debe de seguir siendo el Marco para hacer efectivo el Artículo 50 de la Constitución. Las pensiones han de ser públicas, basadas en las cotizaciones una parte, y cuando éstas sean insuficientes deben de estar en los Presupuesto Generales del Estado con partida propia. Igual que la Sanidad, la Educación y los Servicios Sociales.

El problema es complejo, pero un buen gobierno es aquel que encuentra y aplica las soluciones “justas” y evita la desigualdad. Los jóvenes deberían de dejar a un lado esa flojera y apatía y unirse a algo que tiene más que ver con ellos que con nosotros. Es su futuro de pensiones el que está realmente en juego. No hagáis que nosotros defendamos lo vuestro, porque eso es “El Mundo al Revés”.