Vaya por delante que España es un gran país del que me siento profundamente orgullosa. Por supuesto no exento de problemas y mejorable, de lo contrario sería la gloria y los españoles seríamos santos. España es una democracia fuerte y consolidada, pero con un gran problema: Sus cargos políticos.

Aquí no hay día en que los medios de comunicación no nos estén amargando la vida con toda clase de corrupciones; es sencillamente insoportable y vergonzoso. Por eso necesitamos un flautista como el de Hamelin para que se lleve a los que se disfrutan el dinero ajeno, a los que no tienen preparación ninguna, a los que inflan sus currículos, a los que confunden gobernar con mandar, a los que jamás han ejercido otra profesión y se apoltronan en el sillón o en el escaño, a los que todo lo saben mientras están en la oposición y casi todo lo ignoran cuando gobiernan. Todo aquel que no se merezca el puesto que ocupa que se vaya a trabajar, que es muy sano. España, como Roma, no debe pagar traidores.