El Centro de Salud de Guarromán lleva por nombre desde hace unos días el del doctor Enrique Jaramillo y Guillén, nacido en Guarromán el 27 de marzo de 1860, quien está considerado por la profesión como el primer médico naturista en la historia de la medicina española, siendo el fundador del Instituto de Medicina Naturalista, y quien siguió un camino totalmente personal para llegar al naturismo. Fue una jornada emotiva propiciada por el Ayuntamiento de Guarromán en la que se le ha concedido, a título póstumo, la medalla del 250 de la Fundación de esta Real Población al ilustre guarromanense doctor Enrique Jaramillo y Guillén, que recibió de manos del alcalde Alberto Rubio su nieto, también médico como su padre y abuelo, Enrique Jaramillo (tercero), y quien evocó algunos de los recuerdos que guarda de su abuelo. Al acto asistió la Corporación Municipal, una buena representación de sus descendientes, y representantes de la Asociación Española de Naturismo, encabezada por su presidente, el doctor Torres Collado que habló de las posibilidades actuales y las perspectivas de futuro de esta especialidad médica, y que contribuyeron al esplendor de este homenaje póstumo celebrado en la Casa de la Cultura.

Enrique Jaramillo curso el bachiller en el Instituto de Baeza, en el que luego impartiría clases Antonio Machado, debiendo coincidir allí en las aulas e internado con un paisano y coetáneo suyo también ilustre, como es Martín Scheroff Avi, el primer mentor poético de Federico García Lorca. Jaramillo llegó a ser un profesional de gran prestigio en la medicina en los inicios del siglo XX, innovando conceptos y poniendo las bases de la actual Medicina Naturista, realizando toda su etapa profesional en Madrid, pero sin olvidar nunca su lugar de origen, en el que continuó viviendo la familia de su madre. Comenzó a ejercer su profesión, pero dos años después, en 1897, iba a morir su esposa en el tercer mes de su primera gestación: “Su naturaleza y constitución eran de un vigor y de una potencialidad extremas —se refiere a su mujer— y, a pesar de ello, en un fatal y funestísimo encadenamiento gradual de la respectiva actuación de cinco prestigiosos, cinco reconocidas eminencias médicas, cuya intervención demandé, y en continuo y evidente desacierto de unos y otros, fueron retorciendo y complicando un simplicísimo estado catarral, hasta que al cabo de cuatro meses de desastrosas torpezas médicas y de angustias y tormentos de la enferma y míos, consumaron su inicua labor, extinguiendo aquel singular y poderoso organismo, privándome con ello del ser más querido y del que su facultad maternal me iba forjando”. Esta tragedia personal cambió su vida y su visión de la medicina. Sumergido en la depresión y el rechazo a la “ciencia oficial”, comenzó a estudiar homeopatía y magnetismo. Se fue entusiasmando con este último y se convirtió en seguidor de lo que consideraba “ciencia natural”. En la calle Hernán Cortés número 7 de Madrid, fundó el Instituto de Medicina Naturalista, del que se nombró director. En este instituto practicaba, según se lee en su propaganda, “Tratamiento de toda clase de enfermedades, sin medicamentos ni operaciones quirúrgicas. Procedimientos modernos psicofísicos”. Utilizaba el agua, el sol, el aire, la electricidad, el ejercicio, el magnetismo y la sugestión, sin haber leído nada de Vegetarianismo ni de Naturismo. El guarromanense Enrique Jaramillo y Guillén se convirtió para los naturistas en el primer médico español de esta especialidad, reconocimiento que iba a conservar durante toda su vida, quedando inscrito con letras doradas en la historia de la medicina española. Intuía que el secreto para tener y conservar una vida saludable residía en tres sustantivos que comienzan por la letra a: Alimentación, actividad y alegría, y apostillaba: Debe comerse la mitad de lo que se come, se debe hacer el doble de ejercicio del que se hace, y nos debemos reír el triple de lo que hacemos. Planteamientos médicos que, pese a haber sido hechos hace un siglo, siguen estando plenamente vigentes hoy.