Ahora que llega la vuelta al cole y las redes sociales se llenan de frases como “si ves que acosan a un compañero o compañera, tiende la mano” o “no al bullying”, me voy a permitir el lujo de dar un consejo de algo que como docente y madre he detectado. Sí, es cierto, los menores acosan en ocasiones dentro de las aulas a otros y le echamos la culpa a la tele, internet, videojuegos, pero ¿nos hemos parado a pensar en las veces que ese acoso entre compañeros se produce desde la casa del acosador o acosadora? Son muchas las familias que, con su actitud y bajo el escudo de “quiero las mejores compañías para mi hijo o hija” acribillan y ningunean a otro niño o niña, y eso se refleja en las aulas. Son muchas las familias que, quizás sin darse cuenta, fomentan el odio a su prole contra uno de sus iguales. Son muchas, demasiadas, las que hacen sentirse pequeño a un compañero o compañera a través de su descendencia. A nuestros hijos e hijas hay que mantenerlos al margen de problemas de adultos, hay que educarlos, en el respeto y la tolerancia, y hay que bajarse de la nube y pisar suelo y dejar que niños y niñas sigan jugando entre iguales.