Recibo estupefacto esta tarde la noticia de una madre que decide “salir del armario” y contarnos de primera mano cómo su hija está siendo acosada en toda regla, en un colegio cualquiera, de una familia cualquiera y por parte de una niña (ta) cualquiera. Y hoy “le ha tocado” a ella, pero mañana te puede tocar a ti como ayer me tocó a mí... El caso es la gran parte de nuestros hijos, compañeros (si me permiten voy a usar el masculino como mandan las reglas lingüísticas, no vayamos a portavozas) de esa niña, lista como ella sola, buena como no hay 2 y generosa, implicada, dulce y bien educada, no se han dado cuenta. Porque lo que era casi un juego se está tornando una tragedia; deja de tener ganas de ir a clase, ve que es más bajita que las demás, no es tan rubia como la estrella del estrellato que tal vez un día se estrellará, y que lleva gafas. Y mientras no se una toda la sociedad y le hagamos el boicot más profundo a los padres, y madres, que defienden a los acosadores bajo el “es cosa de niños”, mientras la comunidad educativa no le plante cara de frente a esos terroristas en potencia, el poner la otra mejilla, el no ser como los malos, seguirá estando penado y perderemos almas dulces para tornarlas en tristes proyectos de grandes personas...