Es una contienda imparable contra el olvido la cual resulta más alarmante, cuando la sombra de la desmemoria roza casi tus recuerdos, comienza por emborronarlos y los oculta al tiempo y al espacio. Y así lo constata o alguien hace que lo constaste. Pretendo adelantarme. Tal vez, lo menos importante sea las vicisitudes personalísimas, felices o dramáticas, que se rescaten del olvido, pero ello se justifica, en primer lugar, cuando el relato de vida recuperado es de tal relevancia que significó un cambio copernicano en el futuro de tus anhelos y también de tus certidumbres. Y en segundo lugar porque con el transcurso del tiempo, casi treinta años, se adquiere la altitud necesaria para objetivar tus emociones, priorizando sobre ellas otras convicciones generales, como la imprescindible libertad de prensa, absolutamente necesaria en todo estado democrático, convicción que yo acogí antes de los veinte años. Y tal es el conflicto, que, sin conflicto, lo traigo a este presente, concernido, en gran medida, por los titulares de prensa que leo respecto del país, EE.UU., que para mí ha sido paradigma de la libertad de prensa. Me refiero, en la columna negativa, al evidente maltrato que la Casa Blanca realiza de toda información que le sea adversa. De lo que más de trecientos periódicos de este país se han hecho eco. Y en el epígrafe positivo por su divulgación, la indignante protección que la iglesia católica ha proporcionado, en Pensilvania, a más de trecientos sacerdotes pederastas, en otro escándalo análogo a lo ocurrido hace años en Boston. Se trate de episodios globales e incluso personales, la información como derecho de la colectividad es inobjetable, aunque la misma resulte posteriormente desvirtuada por una sentencia absolutoria. Lo razonable y deseable serian el que se te repusiera en el menoscabo de tu honor y dignidad, presuntamente demolidos. Pero ello no es posible, como imposible resulta reponer el agua del vaso caído, en el mantel de los afectos y desafectos colectivos, por lo que el conflicto existe, y la única forma de solventarlo es asumir con absoluta sinceridad, que debe priorizarse el interés colectivo sobre el personal, de manera que cada supuesto se escandalle, en el sentido de que se pueda valorar provisionalmente el conjunto de algo analizando una muestra, que en eso consisten los indicios. Solo cabe recabar la esperanza de que lo antes posible se produzca una resolución judicial que establezca tu inocencia, aunque la misma resulte ser una dolorida inocencia.