Ya casi ha pasado el verano y llega el momento de desechar la basura que se ha ido acumulando en mi cerebro durante el año anterior (por contagio profesional yo sigo haciendo mi balance anual el día uno de setiembre). En tan poco espacio y en tan largo periodo de tiempo se ha concentrado demasiada suciedad que subrepticiamente se han encargado de verter unos putos diablillos alados. Los excrementos almacenados han interferido mi pensamiento cortocircuitando mis neuronas de manera discontinua. Me hago el propósito de eliminarlos para siempre pero hasta ahora me resulta difícil y me pregunto hasta qué punto soy capaz de expulsar toda la bazofia. Me planto cuando noto la presencia de un nuevo vertido y me niego a admitirlo, por momentos me funciona, mas cuando vuelvo a distraerme vuelven al ataque. Otros de esos diablillos alados me atormentan durante el sueño, e incluso cuando estoy despierto, acusándome de ser una persona irracional por negarme a comprender las cuestiones esenciales de la vida, dedicándome sólo a escribir artículos intrascendentes que a casi nadie les interesa; me ponen como ejemplos: “Holocausto africano”, “Ídolos de barro”, “Violencia escolar”, “La economía jiennense”, “Pensiones públicas y equidad”, “Regeneración política”, “Las palabras bondadosas”... (Véase Diario JAÉN, archivo digital, en la relación de Columnistas). Empero, el jefe de los diablillos alados es aún más beligerante, me argumenta a martillo pilón que a la gente normal sólo le interesa su cotidianidad, queriendo convencerme a base de perniciosos ejemplos de la relevancia televisiva, para la formación integral de las personas, de la gama de colores ofrecida por T5 en el programa Sálvame (Limón, Naranja, de Luxe), con su “princesa del pueblo” incluida. Otro diablillo asevera, intentando incitar mi envidia, que el galardonado actor estadounidense, Richard Gere, se ha casado con una empresaria española, Alejandra Silva, a pesar de casi duplicarle la edad, dejándola embarazada por obra divina. Un tercer diablillo alado me produce un sueño freudiano desnudándome con sus manos, obligándome a correr a través de una gran avenida, sin luz, desembocando en la Puerta de los Fieles de la Catedral de Jaén, en cuyo dintel aparece un relieve de San Miguel Arcángel combatiendo contra el demonio; durante el trayecto un desfile de búhos reales me señalan con sus poderosas alas mofándose de mí. Lo dicho, y cientos de casos más, han copado mi mente de perturbaciones durante un año a modo de fogonazos eléctricos que dañan mi inteligencia. Como no reaccione a tiempo voy a explotar, no sé cómo no acabo demente por el asedio al que me someten estos diablillos alados, expulsados del Cielo o de otro sitio, orgullosos moradores del Averno. Para tanto trabajo acumulado debe existir un ejército de putos diablillos alados. Mi experiencia me dice que muchos de ellos realizan el trabajo de basureros, siendo otros, de mayor rango, los generadores de la basura diaria. Si pierdo la capacidad de separar lo sustancial de lo insustancial, la esencia de las cosas de la bazofia, tendría un grave problema existencial. Espero y quiero que eso no suceda jamás.