Me parece bochornoso el último espectáculo mediático sobre los másteres, algo que, por lo visto, ha sido una práctica habitual en el espectro político y del que sale muy mal parada la credibilidad de las instituciones académicas que las avalan. Me parece alucinante que se dispense de asistencia y tesina a una persona por ser político. Surge la pregunta: ¿No necesita nuestra política de una regeneración ética y moral? Vuelvo a insistir en que la democracia necesita controles muy fuertes para evitar la corrupción, sin caer en un estado totalitarista. Lo que más me entristece es lo que hay detrás de estas falsificaciones, la prepotencia, el orgullo, la vanidad, el que “yo pueda hacer lo que quiera” porque tengo un cargo político importante y todos deben claudicar a mis deseos y exigencias; esa actitud egocéntrica está detrás de esta corrupción que usa el título para aparentar unos conocimientos nunca adquiridos académicamente y que pone en entredicho al avalista. Nunca pueden ser nuestras universidades meros expendedores de títulos sino lugares de estudio y formación. Sobra, a veces, política y falta amor a la verdad y a la sabiduría de la humildad.