Septiembre, que está a la vuelta de la esquina, significará el comienzo de un nuevo ciclo político algo más atípico que el de épocas anteriores. El peso de la responsabilidad sobre esta desigual forma de empezar el curso recae sobre la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, quien tiene en su mano decidir cuándo está engrasada la maquinaria electoral que durará dos años y que repartirá todo el poder institucional en España: ayuntamientos, comunidades autónomas, Gobierno central e, incluso, la representación en el Parlamento Europeo. De ella depende un adelanto a la estación otoñal que todos dan por hecho y que, hasta 2020, hará que todos los partidos afronten una carrera de obstáculos de urna en urna mientras intentan resolver sus propios problemas internos. Todas las miradas están puestas en las elecciones municipales, las más cercanas, pero con un ojo en las autonómicas. Hay que tener en cuenta que lo que ocurra en las andaluzas perjudicará o beneficiará a las siglas que consigan asir la sartén por el mango.

En la capital, a falta de oficializar la candidata a la Alcaldía de Ciudadanos y de despejar las dudas en torno a la fusión de agrupaciones de izquierda, el Partido Popular cierra filas con Javier Márquez como cabeza de una lista que deparará sorpresas no antes del mes de abril. No hay prisa. El que verdaderamente trabaja ya en clave de adelanto electoral es el propio Partido Socialista. Lo que se comenta es que los motivos de la maniobra de su líder son diversos. Por un lado, la llegada de Pedro Sánchez al Gobierno de España tiene vivas y coleando las expectativas electorales de la militancia. Lo dijo el propio delegado del Gobierno en Andalucía, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis: “El efecto Pedro le va a dar a Susana Díaz un magnífico escenario electoral”. Sin embargo, hay otros motivos más que pululan en el ambiente. Por un lado, la sentencia del caso de los Expedientes de Regulación de Empleo, prevista para marzo de 2019. Y, por otro, la coyuntural situación en la que se encuentran las fuerzas políticas de la oposición en la comunidad andaluza, con el Partido Popular bastante tocado por las primarias nacionales, Ciudadanos en horas bajas tras la moción de censura y Podemos e Izquierda Unida más centrados en la confluencia y en cuitas internas para no dormir. Así que, cuanto antes, mejor.

Al candidato a la Alcaldía por el Partido Socialista en Jaén, Julio Millán, no le pillará el adelanto con el pie cambiado. Después del proceso interno en el que fue elegido cabeza de lista con buena nota, lo tiene todo bien amarrado para pillar carrerilla y llegar a la meta con el aliento necesario para gobernar. Está en todos los “saraos” habidos y por haber, busca la oportunidad mediática en visitas ministeriales y trabaja con colectivos que están al pie del cañón para recoger las iniciativas e inquietudes que tiene previsto incluir en un programa electoral que empezará a dar forma a primeros de año. En febrero se centrará en su candidatura y, después de las sorpresas que guarda en el as de su manga con nombres y apellidos que más o menos se pueden intuir, quienes lo acompañan en esta nueva aventura pondrán toda la carne en el asador, con el beneplácito del aparato, para intentar progresar adecuadamente en el examen de las urnas. Hay asignaturas pendientes en la ciudad que harán que la ciudadanía se decante por unos o por otros. El tranvía será decisivo. La duda está en saber a quién beneficiará, si a quien tiene el poder en su mano o a quien está en la oposición.