Junio se nos ha ido. El fútbol sigue, el calor y la vida continúan. Los ajos acaban de ser recolectados en las vegas de Jabalquinto. Entre brevas, Jimena; cerezas, Castillo de Locubín; manzanas blancas, Alcaudete y peras sanjuaneras del Sabariego, las riberas de los cauces fluviales anticipan ya jugosos tomates y pimientos. No hay uno solo de nuestro núcleos dónde no se puedan encontrar aún maravillosas hortalizas, esas que aún quedan, no las que encontramos en los estantes de los supermercados. El tiempo es aliado para unas verduras que serán espléndidas. Las patatas de La Matea están haciéndose manjar bajo el manto fértil de una tierra bien alimentada con estiércol. Los pepinos de Cambil pronto serán indispensables en la ensalada. En los Llanos del Sotillo y La Ropera ya se adivinan unas ciruelas que alcanzarán lo supremo. Se ven judías verdes trepando por las cañas en rincones de Beas de Segura. Quizá si viajásemos más, mirásemos, nos detuviéramos, obtendríamos la foto exacta de los muchos tesoros que nos rodean.Están a mano, aunque no se vendan en los supermercados.