Siempre pensé que un cambio de modelo estaría pensado y dirigido por gente inteligente. Cualquier proyecto con peso entre la sociedad civil no podía prosperar si no estaba dirigido por manos expertas. Me refiero por ejemplo a empresas como Toyota y Samsung que pensando en el futuro, están construyendo coches eléctricos gracias a iones de litio que aumentan su autonomía, y a las pilas de combustible de hidrógeno que sustituyen a las baterías actuales. Por supuesto se han encontrado con dificultades como superar la refrigeración del hidrógeno y el almacenamiento, pero de lo que están convencidos es que el hidrógeno debe generarse de forma renovable. Lo mismo ocurre con generar energía a partir de las olas del mar, del sol y del aire que no dejan de ser propuestas por perfeccionar siempre que afiancen las bases de un modelo que no se confunda con autoritario y retrógrado por no actualizar el código de las buenas prácticas.

Los modelos del futuro deben estar basados en la colaboración entre los políticos y los ciudadanos a los que representan. Se entiende que los políticos son meros gestores al servicio de la ciudadanía, por tanto no pueden por su cuenta y riesgo adoptar medidas de tipo medioambiental como por ejemplo cortar en seco la vida de árboles grandes y longevos, porque con ello perjudican las condiciones de vida de quienes los han elegido. Hay instituciones que están anquilosadas y necesitan liberarse si quieren de verdad cumplir con el objetivo de sus funciones más elementales. Están obligados a tener un intercambio de ideas y opiniones con los ciudadanos a la hora por ejemplo de tomar decisiones que puedan comprometer por su arbitrariedad y mal gusto el nombre de la ciudad y a las siglas que representan. Han de aprobar unos presupuestos equilibrados e independientes, libres de tentaciones manipuladoras. Existen ciudades que necesitan una dosis mayor de naturaleza en sus calles y plazas. Cómo se puede combatir sino un paisaje urbano, y cómo la fatiga mental, no es precisamente con suelos pelados de piedra que no nos permiten evadirnos del problema que nos plantea el gobernante de turno que entiende que nos adaptamos mejor a losa de granito que al medio natural. Debe entender este señor que las ramas de un árbol nos predisponen a sentirnos identificados con ese entorno, por algo la interacción con la naturaleza, aunque sea en una plaza de pequeñas dimensiones, causa un efecto beneficioso para la salud mental y psíquica de todos.