Tres tipos de poeta reconocía Pessoa: el superior, quien logra decir lo que siente; el medio, que cuenta lo que cree sentir, y el inferior, condenado a balbucear lo que ha de sentirse. Actualmente cualquier persona puede desarrollar principios que le asignen rango artístico a su trabajo sensible. Así y todo, a día de hoy no cabe aceptar como producto artístico genuino el fruto de una conciencia carente de ponderación, atrevimiento y fantasía, resultados siempre de la razón vital intrínseca al arte, animal que respira, al que la música volverá infinito y cuya belleza en ruinas jamás podrá ser expoliada por el puritanismo o la chabacanería. Este tiempo acumula demasiados artistas, tantos como políticos, muchos impostores, hasta el punto de que unos y otros se disputan los focos de los escenarios conforme la monarquía del mercado hace un guiñapo la libertad de expresión, esa quimera que no siempre es expresión de libertad. A todo esto, en Jaén, escuchadlo, un ciego toca su laúd por los prostíbulos más tristes de nuestra noche. Cuando se haga de día, como un esclavo huido del amo, un lagarto se tragará la ceniza malva de las calles, serpientes de niebla donde los hedonistas confunden placer con bien, los estoicos se muestran indiferentes al dolor y al placer y los epicúreos desdeñan el placer porque aboca al dolor.