Es un tema antiguo, cada civilización ofrece un “estatus” a los animales. Antes compañeros en las tareas más dificultosas del trabajo. Siempre queridos y muchos admirados. Fieles compañeros, inteligentes, sensibles: amigos. El debate se produce por el cambio de papel y de trato en los últimos 20 o 30 años, principalmente en las sociedades urbanas. Se ha modificado la función tradicional de los animales. En el ámbito rural tampoco son necesarios ya para el trabajo, han tomado un papel exclusivo de compañeros de vida, muchas veces de techo e incluso de lecho. Este cambio ha ido asociado a la atribución a muchos animales de cualidades humanas, tal vez sea esto lo más extraño para la generación más adulta de la sociedad. Al final de los setenta, teníamos claro que los animales solo ocupaban un lugar de compañía, secundario en nuestro hogar y en nuestra vida. Ahora, quizá falsamente, pedimos para ellos una posición o un tratamiento que “roza” al de los hijos y nietos que no tenemos. Si cerramos los ojos en un paseo, no sabemos si el dueño-protector habla a un animal o a un niño. Son los “reyes”, los “dioses” de la casa.