Visitar la hemeroteca es un deporte de alto riesgo, hay que tener valor. No es una experiencia apta para corazones débiles, tienes que tener el cuerpo muy trabajado, ser un triatleta de la actualidad para darse una vuelta por los últimos veinte años y no acabar cazando moscas con palillos, al estilo señor Miyagi. Hay locos, incluso, que lo hacen a pulmón, sin ningún tipo de ayuda extra (bomba de oxígeno), sin temor a los ácaros del papel, si la consulta es manualmente, o que los ojos se te pongan como platos si optas por la vía digital. El viaje, en cualquier caso, es lisérgico y te puede dejar muy tocado. Mucho antes de que supiéramos de las “fake news” nos habíamos acostumbrado a otro tipo de trolas tan dañinas como aquellas. Si García Márquez proponía el realismo mágico para entender ciertas cosas, nuestros políticos, aquí en Jaén, comprobaron pronto que esta tierra fronteriza es un Macondo de interior fértil para mezclar la realidad y la pura ficción. Será esa Mágina creativa de Muñoz Molina, serán las Caras de Bélmez o será un aire, vaya usted a saber, pero nos encantan los cuentos, la metáfora de saldo, la tradición oral.

Dado por bueno lo de cuéntame un cuento, al final, tiran de verdaderos clásicos del repertorio, saben que tienen su público y funcionan bien. Uno de los cuentos más bellos por su puesta en escena es el de la Ciudad Sanitaria. Es una joya por la sabia mezcla de tradición, un relato coral y episódico como las buenas telenovelas que arrancó en 2001, con un presupuesto de 200 millones de euros y que tiene un elenco de primer nivel. Sin ir más lejos, con la actual ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en su etapa como consejera de Salud, vivimos uno de los momentos más creíbles y emocionantes de la historia. Vino con su cronograma bajo el brazo, dijo que todo iba fetén y que sería la referencia sanitaria para toda la comunidad andaluza. Discurría el año 2008, y los periodistas acuñábamos eso de “velocidad de crucero” para el proyecto. En una mezcla de tramas de primer nivel, incluso se fantaseó con que era el lugar idóneo para completar con el edificio que albergara la futura Facultad de Medicina. El paraíso, a la vuelta de la esquina. El subidón de azúcar nos cegaba. Era ya el momento para glosar la gesta en ciernes así que la alcaldesa, Carmen Peñalver, agradeció “el esfuerzo y las horas que le estaban echando al proyecto la consejera de Salud y el presidente Manuel Chaves”. Más almíbar y un coste en horas extraordinarias que ni en la Junta se pueden permitir.

Si usted es de esos jiennenses que ha compartido habitación con otros dos enfermos, ha sufrido los rigores del verano sin aire acondicionado o ha visto cucarachas en las instalaciones estos días quizá sea cuestión de mala suerte. Cuestión estadística. Si es así sueñe con un futuro mejor, que le hará más llevadera esta sudorosa vida terrenal. Se requiere un yihadismo militante para pensar no en este tránsito sino en lo que vendrá. Sí, es como los vikingos que tienen el Valhalla, otro paraíso inventado para los guerreros que mueren por la causa, al que dicen no le falta detalle. Así se explica que pegaran mandobles sin temor y derramaran su sangre alegres en cualquier contienda. Claro sabían que tenían un plazo fijo con el dios Odin para disfrutar de un Benidorm lleno de valquirias estupendas, que les servían bebidas del más allá a precios asequibles...

Perdón por el inciso, es la pasión por los cuentos, volvamos a la historia. El Jaén del futuro llegará un día, es cuestión de siglos y mientras tanto demos gracias porque la televisión será gratis en nuestros achacosos hospitales. Eso es un gran paso y una prioridad ya ganada para la futura Ciudad Sanitaria. Que si usted no la ve será porque no tiene suficiente fe. En la fotografía, Manuel López la señala. Fíjese. Ponga de su parte.