La costumbre, como práctica aceptada por la sociedad, surge por razones de utilidad pero se mantiene por interés. El costumbrismo andaluz apareció tras la Guerra de la Independencia Española como un sentimiento de orgullo por nuestra identidad, que buscaba rechazar al hombre ilustrado, impuesto por la ocupación francesa de José Bonaparte. De esta manera surgió la concepción individualista de nuestra Andalucía castiza, una visión que nos proclamaba como pueblo libre y con voluntad propia. En nuestros días, muchos son los discursos y argumentos que han sido abandonados o legitimados sólo por la persona que los pronuncia o por su antigüedad. Esta realidad, unida a que los valores de los que la juventud se vale son cada vez más volátiles, nos hace abandonar nuestros principios y denominarlos tendencias. La individualidad pugna con el sentimiento de grupo y, en lugar de enriquecer nuestra cultura y costumbres con el saber colectivo, acabamos buscando reconocimiento a costa de vendernos a nosotros mismos. Meditemos e inquiramos cual es nuestra responsabilidad en este desorden y, más aún, tomemos como costumbre vivir nuestra propia vida.