En el cajero una manta tirada en el suelo y dos bolsas narran que este es el refugio de una persona. Apresuradamente entra un hombre. Comenta vehementemente: “Aquí no, no. Está sucio”. Al salir llueve intensamente, a pocos metros una señora mayor camina despacio con un paraguas que difícilmente le cubre hasta media espalda dada la curvatura de la misma. Por zapatos, unas sandalias con calcetines blancos empapados. Por su mirada parece saber a dónde va. Se para junto al contenedor de basura en donde se halla un gran trozo de pan mojado aprisionado. Lo mira fijamente, piensa dubitativa durante segundos y continúa caminando. Subo al autobús, en sus paradas descubro otras postales de vidas en el mediodía del domingo lluvioso. Un hombre de unos setenta y cinco años, bien vestido, incita conductores para que aparquen. Una persona negra con muleta se aproxima, arrastrando dificultosamente su pierna, a los transeúntes que caminan rápido por la lluvia eludiéndolo. Parece que estas personas son merecedoras de algo que se les niega. La dignidad. La cualidad que nos forma como humanos.

25 años de la creación de la Universidad en Jaén, 25 años para reflexionar sobre su aportes a esta sociedad. En su génesis los estudios de Trabajo Social. El desarrollo de personas con valores comprometidos con los derechos humanos. Una disciplina profesional mal denominada de ayuda social. Se trata de generar procesos solidarios, que se basan en la corresponsabilidad que reconoce el respeto como derecho a la existencia de la persona. No deja de ser legítimo actuar graciablemente para quien cree en lo graciable de la ayuda, si bien genera dependencia en las personas ayudadas. No basta el impulso humano. El trabajo social no es benéfico, ni graciable, de ahí la necesidad de una formación. “La experiencia no es la pasiva aceptación de la realidad exterior, sino una elaboración” que dirá Lledó. No es una carrera profesional, es un estilo de vida, un modo de ver el mundo. Las personas dedicadas al Trabajo Social son constructoras de dignidad humana. Críticas con su entorno, resultan incomodas en el mundo liberal globalizado. Distorsionamos la realidad a partir de valores construidos por intereses subjetivos excluyentes. El trabajo social corrige esta distorsión. Una profesión que media en el conflicto entre los derechos sociales garantizados y lo que el gobierno está dispuesto a financiar. Recoge iras por falta de políticas y medidas sociales. Interviene contra el cinismo ilustrado que dirige su percepción a una realidad en la que todo es terapia social. Como si los problemas sociales surgieran en la persona. Una profesión con dos premios Nobel de la Paz. La Facultad de Trabajo Social tiene impacto social por su mayor índice de inserción respecto a otras universidades. Desde 1993 han pasado cuatro mil cuatrocientas siete personas desarrollando su acción en distintas provincias y países. Cabe un reconocimiento a todas las personas que han aportado al desarrollo del Trabajo Social y a su formación. Si bien hay que mencionar a una persona que ha contribuido decisivamente porque siente y lucha por la dignidad del Trabajo Social, logrando poner en el mapa a esta Facultad, su Universidad y a Jaén, prestigiando con sus acciones a sus egresados. La Catedrática Yolanda María de la Fuente, en un día como hoy, el día internacional del Trabajo Social.