Pensaba Marcel Proust, el gran novelista francés autor de “En busca del tiempo perdido”, que ningún paraíso existe hasta tener conciencia de su pérdida; más o menos lo que, en hondo verso, ese gigante que tanto tuvo y tiene que ver con el mar de olivos, Antonio Machado, refrendó con su celebérrimo “se canta lo que se pierde”.

A Jaén, sin embargo, le pasó lo contrario hace poco más de dos décadas, cuando su Diputación Provincial decidió hacer inventario de las joyas que componen el insuperable tesoro patrimonial, cultural, gastronómico, artístico... del Santo Reino y ofertarlo, como un novedoso producto turístico, para quienes —entre ellos, muchos de los mismísimos jiennenses— lo ignoraban.

Descubrieron, así, propios y extraños que en el mapa de los destinos preferentes había faltado, durante demasiado tiempo, un punto imprescindible: Jaén. Y de paso —nunca más lejos del pensamiento de Proust—, la gente de aquí tuvo conciencia de que habitaba un paraíso interior al que cantar sin necesidad de perderlo. Empezó entonces la gran historia de esta apasionante aventura, una apuesta decidida por la provincia que, veinte años después de su alumbramiento, no ha dado más que inmensas satisfacciones: “Con el tiempo, se ha convertido en mucho más que un eslogan y, hoy, es parte indisoluble de nuestros municipios y de los propios jiennenses”, en palabras de Francisco Reyes, presidente de la Diputación Provincial.

Precisamente el año pasado, la efeméride del vigésimo aniversario de la creación de Jaén, Paraíso Interior puso de manifiesto la importancia que la marca turística ha cobrado entre la ciudadanía, que convive cotidianamente con una iniciativa que no deja de aportar novedades y de ahondar en su identificación con el paisaje y el paisanaje del mar de olivos. Sí, como un estandarte de orgullo enarbolan los habitantes de los noventa y siete municipios las bondades de un lugar que, a mayor carencia de costa, más oferta de interior ofrece. De ahí que, en estos años, se ha conseguido que el número de visitantes ascienda desde los menos de trescientos mil que recalaban en el Santo Reino antes de 1997 a los más de quinientos mil que lo hacen a partir de ese momento. Una realidad posible gracias a la labor inversora tanto de la administración supramunicipal como de la Junta de Andalucía y, por supuesto, a la de la empresa privada. Gracias a ello, según Reyes, “en estas dos décadas la oferta turística provincial se ha renovado y multiplicado casi exponencialmente”. Y es que, como recuerda el propio presidente, “en 1997 la provincia apenas era conocida por contar con el mayor parque natural de España, el de Cazorla, Segura y Las Villas”, y añade: “Hoy, nuestro pulmón verde sigue siendo un puntal, pero ahora se le han unido otros importantes enclaves, productos y experiencias que atraen a los visitantes”. Entre las propuestas más destacadas, la “Ruta de los Castillos y las Batallas”, el “Viaje al tiempo de los íberos” —insuperablemente complementado con la apertura, a finales del pasado año, del Museo Internacional—; “Renacimiento del Sur”, “Jaén, provincia del aire”, “Jaén, cultura del toro”, rutas mineras y de divulgación por todos los rincones de la provincia, vías verdes, “Oleotur”, “Jaén, naturaleza capital”, “Jaén en julio” —que engloba festivales musicales tan emblemáticos como “BluesCazorla” o actividades deportivas entre las que resalta, por ejemplo, el “Gran Premio de Carreras Populares” homónimo. Sin olvidar los galardones del mismo nombre, que reconocen a quienes luchan por promocionar esta tierra.

De todo ello dio cuenta, desde su inauguración en diciembre de 2017, en los Baños Árabes, la exposición “Recuerdo de una gran noticia”, organizada por Diario JAÉN, medio de comunicación que, desde el nacimiento de la marca turística, ha sido altavoz de sus logros, cronista de sus acontecimientos y que ahora premia, como Jiennense del Año 2017 en la modalidad de Turismo, a Jaén, Paraíso Interior.