“La gente de Jaén no sabe lo que tiene”
Manuel Alba
Es un empresario gaditano muy comprometido con su tierra y con el resto de Andalucía. Hace siete años que escogió la provincia jiennense como destino de una importante y millonaria inversión en el sector de la obra civil

Manuel Alba Chica (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1962, tiene una larga historia como empresario del sector de los suministros desde que fundara, en 1982, su compañía asfaltera, en territorio gaditano, una firma líder en el sector de la obra civil, que incluye también estaciones de servicios con restauración, y que, hace siete años, escogió la provincia jiennense como escenario de su proceso de extensión. Manuel Alba asegura que no conocía Jaén nada más que por referencias pero, a día de hoy, está encantado de trabajar en una tierra en la que vislumbra grandes posibilidades empresariales —por su situación geográfica y por “la calidad de su gente”—, en la que deposita su confianza en forma de millonarias inversiones.

—¿Qué lo trajo a Jaén?

—Me enteré de que la antigua planta de asfalto de Paco Marín, en Jódar, estaba a la venta y decidí adquirirla. Vi, en la que hoy es Alcasa, una oportunidad de negocio y, posteriormente, compré una cantera que había pertenecido a Holcim, La Lancha, junto a la planta. Después nos hicimos con la cantera de San Isidro, en Torredelcampo, y también adquirimos una parcela industrial de casi 5.000 metros en Jamilena, donde proyectamos abrir una nueva planta de asfalto.

—¿Fue fácil el proceso de implantación en territorio jiennense?

—No, al principio costó mucho, no conocíamos a nadie aquí. Poco a poco comenzamos a hacer trabajos en municipios de la provincia como Úbeda, Bailén, Begíjar, Jódar, Navas de San Juan... principalmente de asfaltado, así como las obras que permitieron a los vecinos de Mogón volver a disponer de agua potable. Actualmente trabajamos en la variante de Quesada y en la travesía de Pozo Alcón, además de pequeñas obras con ayuntamientos.

—Una inversión de cuatro millones de euros, como la que ha hecho usted en esta provincia, no es cualquier cosa. ¿Qué tiene Jaén que justifique una apuesta económica tan decidida?

—Otros invierten en Sudamérica, por ejemplo, pero yo siempre he creído en Andalucía, una tierra que vive, en gran parte, del turismo, y hay muchas infraestructuras que mantener si queremos que nos visiten. Jaén tiene una situación geográfica magnífica, está muy bien situada. El día de mañana se podría hacer, por ejemplo, un gran centro de transportes, o de cualquier otro tipo. La gente de aquí no sabe lo que tiene.

—Sin embargo, con los datos en la mano, la inversión pública en esta provincia está muy por debajo de los niveles mínimos.

—La obra pública es fundamental, es el motor de la economía. Es, más bien, un problema político. Si no se conservan las infraestructuras ni se hacen nuevas... Las administraciones, muchas veces, no saben administrar el dinero del que disponen. Uno de los ejemplos de esto que digo es el tranvía, una obra pagada que no se entiende cómo no se ha echado a andar todavía; menos mal que, según parece, se ha llegado a un acuerdo. Cualquier inversión pública revierte siempre a sus arcas.

—La implantación de su empresa en Cádiz, con más de tres décadas de actividad, está más que consolidada, ¿no es cierto?

—Sí, contamos con más de cien personas en la empresa, tres plantas de asfalto, dos canteras, estaciones de servicio con restauración... Llevamos muchos años trabajando y somos una empresa, en cierto modo, a la antigua usanza, hacemos de todo.

—¿Existe mucha diferencia entre, empresarialmente hablando, entre Cádiz, la provincia de la que proviene su compañía, y Jaén?

—Es distinto. Cádiz es una zona costera, que une dos continentes, con una importante zona industrial en la bahía. Sin embargo, la parte interior no es tan diferente, hay viñas y olivos, como aquí. Sí es cierto que a Jaén le faltan industria y buenas comunicaciones ferroviarias.

—¿A qué cree que se deben estas carencias históricas?

—El tren es muy importante, es sorprendente que Jaén no esté conectado a la alta velocidad, ¿cómo se va a conocer esta provincia fuera, entonces? Quizá no se ha levantado la voz lo suficiente para pedirlo, o puede ser que el olivar condicione a la gente y haya cierto conformismo: si un olivarero saca veinte mil euros al año con la aceituna... Es curioso porque, a mí, los jiennenses me han sorprendido muchísimo. Es una población despierta y preparada, que también piensa que esta tierra merece más.

—De sus palabras se deduce que le importa mucho la gente. ¿Los trabajadores son una de las grandes prioridades para usted?

—Para mí son muy importantes los medios técnicos, pero lo es más el factor humano. Tenemos una plantilla fija de veinticinco personas, todas de Jaén, de las cuales, muchas son antiguos trabajadores de la cantera de Holcim a los que rescatamos después de que la cementera interrumpiese su actividad. A la gente hay que darle confianza, si la cosa va mal, va mal para todos. A mí nunca me ha dado miedo hacer fijos a los trabajadores, eso influye para bien en ellos, les da visión de futuro. Hay que dar oportunidades a las personas. Un buen empresario no puede triunfar a base de no pagarle bien a su personal, de exprimirlo al máximo por poco dinero. Las personas tienen que crecer en la empresa, el joven con sus ganas y el menos joven, con la experiencia que aporte. Yo no conocía Jaén, pero me sorprendió lo buenos trabajadores que son los jiennenses; aquí hay gente que sabe hacer muchas cosas. Todo el equipo directivo de Manuel Alba S. A. —excepto yo—, es de Jaén: José Torres, el delegado de la empresa en la provincia; Cristina Guirao, que es ingeniera civil; Jesús Fernández, ingeniero de Caminos; Fernando Periche, perito topográfico, y Francisco Javier González, que lleva el área comercial.

—¿Qué es un buen empresario?

—Un empresario debe ser, también, un buen administrador. Nosotros tratamos igual a un proveedor y a un cliente. Las pequeñas empresas que colaboran con Manuel Alba S. A. son ya, también, parte de la empresa. Es una manera de crear riqueza en la provincia, fidelizando a los proveedores, pagándoles a tiempo y contando con ellos. Esto es muy importante. El empresario, si es preciso, tiene que dedicar la vida a su empresa, debe ilusionar a su gente. Mucha gente me pregunta: “¿Cómo va lo cosa?”, y yo siempre soy positivo, tengo que transmitir ilusión, el capitán del barco tiene que llevar bien el timón.

—¿Qué papel juega la sostenibilidad en su negocio?

—El empresario tiene que hacer las cosas bien hechas. Hay quien antepone el beneficio a la manera de trabajar, y es capaz de hacer las cosas mal para obtener más rentabilidad. En esto juega un papel importante la competencia desleal, que dejan en muy mal lugar a los empresarios que procuramos hacer las cosas como es debido. Las canteras, lógicamente, son necesarias, y si se hacen bien las cosas no tiene por qué haber problemas.

—¿Qué obra le gustaría que cayera en sus manos en Jaén?

—Una empresa como la nuestra tiene que tener, año tras año, producción. Me da igual, lo importante es tener trabajo y más trabajo y, en consecuencia, más inversión y más personal. Yo, mientras más personal tengo, más feliz soy. Ese es el horizonte de mi empresa.

—Después de estos siete años en tierra jiennense, ¿qué le gusta más de la provincia?

—Su gente, que una vez que se la conoce y se llega a su interior, responde. Se han hecho a sí mismos. Y la provincia en sí, sus atardeceres y amaneceres. Me gusta sacar la esencia de las cosas.

—¿Y qué cambiaría de Jaén?

—El enfoque del aceite de oliva, hay que mejorar la comercialización. Yo he visto a muchos italianos por aquí comprando aceite para llevárselo a su país. Eso hay que eliminarlo.

Un hombre hecho a sí mismo

Confiesa el empresario que nació en “un piso pequeño” y que el ejemplo de su padres ha sido crucial en su vida. Su progenitor se dedicaba a las tareas del campo, un trabajo esforzado para sacar adelante a la familia, que jamás pasó inadvertido para Manuel Alba Chica. De ahí su empeño por hacerse a sí mismo y construir —nunca mejor dicho— una estructura empresarial que, además de permitirle vivir gracias a su esfuerzo y generar riqueza y empleo en la Andalucía de su alma, le apasiona profundamente.