Un viajero empedernido, Pablo Neruda, que recorrió el mundo varias veces, pedía en una de sus odas elementales que la luz de cada día fuese anaranjada. Seguramente recordaba —o no— mientras escribía, la tierra de la madre de su única hija, Malva Marina, que murió en tierras holandesas allá por 1943, con solo 8 años. Los mismos territorios donde, a día de hoy, Leticia GallardoEstrella —una jiennense que también ha viajado lo suyo—, construye la historia de su vida.

Estudió Ingeniería de Telecomunicación en Málaga y, precisamente, en esa etapa inauguró su álbum internacional de fotos: “Gracias a una beca Erasmus viví en Mikkeli —Finlandia— durante nueve meses; disfruté tanto de la experiencia que, a la vuelta, seguí buscando nuevas oportunidades de viajar y fui aceptada para hacer prácticas en Sony Stuttgart Technology Center, en Alemania, hasta 2009”, recuerda. Terminó la carrera y, todo un año, ganó experiencia en la capital de la Costa del Sol hasta que las fronteras españolas se le quedaron pequeñas: decidió cumplir sus sueños profesionales —que pasaban por el mundo de la medicina— y, de paso, poner tierra de por medio: “En noviembre de 2011 me mudé a Nimega (Holanda) para empezar un Doctorado en Cuantificación Automática de Biomarcadores de EPOC en imágenes de TAC”; tan positiva fue la experiencia que el birrete, la muceta y la toga le abrieron las puertas laborales holandesas y, hoy, ejerce como científica de datos en una empresa “spin off” de la Universidad de Radboud, en la ciudad en la que reside: “Mi trabajo consiste en el desarrollo de algoritmos de inteligencia artificial y aprendizaje automático para la detección de alteraciones pulmonares en imágenes de TAC”, asegura, y añade: “Los algoritmos desarrollados en Thirona —la empresa en la que trabaja actualmente— se utilizan en hospitales y centros de investigación para selección y planificación de tratamientos y evalucación del progreso de enfermedades pulmonares”.

Ha conseguido lo que quería: dedicarse a lo que siempre ha deseado, aunque más de dos mil kilómetros la separen de su patria chica, a la que regresa cada vez que puede: “Intento ir a España cada dos o tres meses, casi siempre vuelo a Málaga, y a Jaén voy menos a menudo, ya que, entonces, el viaje se hace aún más largo”, confiesa; sin embargo, tiene tantas cosas inolvidables aquí que no hay quien le quite dejarse caer por el mar de olivos para “recargar las pilas” y darle una paliza a la nostalgia: “La familia y los amigos es lo que más se echa de menos”, afirma..., pero no solo eso, no: “Echo bastante de menos la comida, la cocina holandesa no es, precisamente, la mejor del mundo”. Y es que el tapeo y el ambiente sureños tiran mucho, así que no le queda otra que aprovechar y, cada vez que viene a su tierra natal, surtirse de los sabores que tanto añora en Holanda: “Cada vez que voy a Jaén voy con la maleta medio vacía, para llenarla de aceite, jamón y lomo embuchado. Siempre me llevo aceite de más, porque mucha gente, aquí, me pide que le traiga”.

Toda una embajadora del “oro líquido” jiennense que, por ahora, tiene más que claro que su sitio está en el país de los tulipanes, al menos mientras España no le garantice un desarrollo profesional como el que disfruta allí y, en consecuencia, la estabilidad que, junto con su novio, Jeroen —holandés de pura cepa—, goza en estos momentos: “Nos hemos planteado volver, pero es bastante complicado encontrar un trabajo similar al que tenemos aquí, así que es bastante improbable que volvamos en un futuro cercano”, concluye Gallardo.