La promoción humana y social de las personas mayores en todas las circunstancias de marginación: soledad, desorientación, abandono, problemas sanitarios, psíquicos o osiciales”, “ofrecer un buen ambiente familiar, con una atención individualizada y adecuada a las necesidades de cada uno, favoreciendo la convivencia, el cariño y el apoyo mutuo”, la colaboración con los “organismos de las administraciones estatal, autonómica y municipal en el desarrollo y el cumplimiento de la política social y sanitaria para las personas mayores y “el desarrollo, solos o en colaboración con otras organizaciones, de proyectos de cooperación internacional”.

Son los objetivos que se marcó “Edad Dorada” allá por mediados de los años 80, cuando el entrañable padre Ángel, en la actualidad su presidente honorífico, decidió ampliar las ramas del árbol de “Mensajeros de la Paz” con una que floreciera, especialmente, para la tercera edad; unió su áureo nombre al de su matriz y conformó, así, la realidad que hoy es: “Edad Dorada-Mensajeros de la Paz”. Una población cada vez más envejecida, unos hábitos sociales que favorecen la soledad e, incluso, el abandono y hasta la exclusión de las personas que se encuentran en esta franja etaria motivaron el nacimiento de la entidad, que, al compás de los tiempos —es decir, con celeridad—, convirtió en realidad tantos proyectos que hizo necesario el sano ejercicio de la delegación, un trayecto que pobló el mapa de España de versiones regionales de “Edad Dorada-Mensajeros de la Paz”.

La filosofía y el trabajo de aquellas “hijas o hermanas” de la entidad matriz, en palabras del actual presidente nacional de “Edad Dorada-Mensajeros de la Paz”, el sacerdote bedmarense Julio Millán Medina, caló también en territorio andaluz, donde residencias de mayores, centros de día y la prestación de servicios de ayuda a domicilio, entre otros, encarnaron, físicamente, el espíritu del colectivo, que atiende a más de quinientos ancianos en sus siete centros asistenciales, repartidos por las provincias de Cádiz, Sevilla y Jaén. Precisamente en el mar de olivos, la asociación gestiona instalaciones geriátricas en los municipios de Rus y Porcuna y a las afueras de la propia capital.

La existencia de aquellos a los que las circunstancias han llevado a pasar sus últimos años entre los cálidos muros y asomados a los claros patios de las residencias de “Edad Dorada-Mensajeros de la Paz” daría para muchos, muchos libros repletos de historias particulares que, desde su singularidad, evidenciarían también un desenlace común: la soledad.

Uno de esos anónimos “filósofos” a los que, una vez en su vida, se le pone a tiro un micrófono televisivo calificaba el mundo actual, recientemente, como “una sociedad caótica, llena de prisas, en la que la conciliación laboral y familiar es, todavía, una clamorosa asignatura pendiente, una invitación al desamparo”. “Desde la ternura —según Julio Millán— de mucha gente que la reparte, a diario, a las personas mayores”, organizaciones como la que el próximo 15 de junio recibirá, durante una gran Gala, el Premio Jiennense del Año 2017 en la modalidad de Valores Humanos alivian, amorosamente, la falta de calor humano que atenaza a los que, en la mayoría de los casos, se desvivieron por los suyos mientras las fuerzas los acompañaron.

Para Pitágoras, el gran matemático griego,“una bella ancianidad es, ordinariamente, la recompensa de una bella vida”. Seguramente no esperaban, quienes pasan sus días de la mano de “Edad Dorada-Mensajeros de la Paz”, que el invierno de su existencia estuviese condenado al frío de la soledad, como tampoco vislumbrarían —una vez asumida la compañía de tan frecuente “compañera”— una ancianidad plena de cariño, de cercanía, como la que les procuran quienes le ponen rostro y palabra al proyecto cumplido del padre Ángel, una realidad cotidiana que, efectivamente, corrobora el pensamiento pitagórico y que no es sino el premio pleno de ternura que sus largas vidas merecen.

“Monseñor Rodríguez Magro enfatiza la felicidad que le produce el hecho de contar con Millán y Pérez como pastores diocesanos: “Me siento muy, muy orgulloso —lo digo en honor de la verdad— de tener dos sacerdotes que tengan esta sensibilidad social y que, ejerciendo el ministerio aquí, también lo hacen llevando la gestión y la promoción de obras sociales de ‘Edad Dorada-Mensajeros de la Paz’ tanto aquí como a través de grandes proyectos internacionales”. La apertura de la sede de “Edad Dorada-Mensajeros de la Paz” en la capital jiennense, desde donde la entidad coordina su actividad en toda Andalucía y que el propio titular de la diócesis episcopal inauguró el año pasado, es, en sus propias palabras, otro de los grandes vínculos con la diócesis. “Es un premio muy merecido, me parece fenomenal, es importante que la sociedad se fije en las obras buenas, eso nos hace a todos un poquito más buenos”, celebra.