Hay en la capital jiennense una calle en la que la pequeña nobleza local y las familias hidalgas de los siglos XV al XVIII posaron sus ojos para levantar sus soberbias casas señoriales. Es la antigua calle Llana, también conocida en el callejero como de Francisco Coello. En ella se concentraban “las casas más bonitas de Jaén”, sentencia el propietario de esta vivienda. Pero el modelo habitacional que impuso el siglo XX, con los cambios de vida que lo acompañaban, acabó con muchas de ellas. Afortunadamente, no con todas y esta es una de las pruebas más bellas.

Con 600 metros cuadrados, el edificio, que data del año 1715, como revela un sillar, conserva su distribución espacial original. En torno a un patio principal se distribuyen las crujías que dan acceso a las diferentes estancias de una casa que sus propietarios actuales adquirieron en el año 2002 “en muy buen estado de conservación”. Tanto es así que, al margen del lucernario que protege el patio de las inclemencias meteorológicas y de la adecuación de las cámaras de la última planta en un estudio de arquitectura, sostienen que su aportación se limitó a “completar detalles”.

Han conservado y rehabilitado las vigas de madera, extremaron el cuidado de los pormenores para mantener la línea estética original y el resultado es una casa que aúna el encanto y la singularidad de un modelo de edificación tradicional con una decoración moderna, sencilla y elegante que denota el gusto de sus propietarios por el arte, la belleza y, por supuesto, la comodidad y el ocio, porque hay que resaltar que en ella han criado a sus cinco hijos.

A diferencia de las viviendas actuales, en las que el salón y el comedor comparten estancia, si bien diferenciados por la decoración, aquí están separados en dos habitaciones diferenciadas que flanquean la puerta de entrada y que confluyen, como su enorme cocina o la antigua bodega, reconvertida en salón de ocio para los niños, en el patio central. Una pieza fundamental que sirve de “zona de estar y de reunión”, a no ser que el frío lo impida. En la primera planta se desarrolla la zona de noche de la vivienda. Por ella se reparten dormitorios, baños y también una piscina, cuyo vaso descuelga sobre la zona de ocio de la bodega. En el corazón del casco histórico, esta casa solariega ofrece todas las ventajas de un inmueble moderno. Tanto es así que —confiesan sus dueños—: “Veraneamos aquí”.

El conjunto es una maravilla, una oda a la belleza y un ejemplo de respeto al patrimonio. O, como prefiere resumirlo su propietario, con mayúscula sencillez: “Una segunda piel”.

El conjunto es una oda a la belleza y al respeto al patrimonio