• ESPOSADOS. <i> Miguel Ángel O. M., alias Miguelillo, y su cuñado Rubén M. C., apodado “El Perenne”, entran en la sala de vistas para oír el veredicto.</i>
    ESPOSADOS. Miguel Ángel O. M., alias Miguelillo, y su cuñado Rubén M. C., apodado “El Perenne”, entran en la sala de vistas para oír el veredicto.

Miguel Ángel O. M. apretó la mandíbula cuando escuchó el veredicto: culpable de asesinato por alevosía. El jurado fue unánime al llegar a la conclusión de que disparó a Alberto Magalhaes en la puerta de su casa por la espalda y a apenas un metro de distancia. Es decir, que fue una emboscada en la que se anuló cualquier posibilidad de que la víctima pudiera repeler el ataque. El tribunal popular rechazó las atenuantes planteadas por el abogado de “Miguelillo”. Es decir, entiende que el crimen no se produjo en legítima defensa, que aquella madrugada del 25 de mayo de 2017 no iba bajo los efectos del alcohol y de la cocaína y que tampoco atacó al fallecido en un arrebato, al confirmar que mantenía una relación sentimental con su esposa. Miguel Ángel O. M. también será condenado por un delito de tenencia ilícita de armas.

Igualmente, el jurado declaró culpable de asesinato a su cuñado Rubén M. C., conocido como “El Perenne”. Fue él quien llevó al autor material del crimen en coche hasta la vivienda de la víctima, el que le facilitó la huida y el que le dio cobertura al día siguiente mintiendo a la Policía. Por todo ello, lo considera cooperador necesario, lo que, a efectos legales, tiene las mismas consecuencias que ser autor material de los hechos.

Fue un veredicto adoptado por unanimidad de los nueve miembros del jurado en una cortísima deliberación, de poco más de seis horas. El tribunal no tuvo duda alguna de que “Miguelillo” y su cuñado “El Perenne” urdieron un plan preconcebido para acabar con la vida de Magalhaes. El tribunal popular recordó que, la noche del crimen, Miguel Ángel estuvo buscando a su esposa al saber que estaba con Magalhaes. Finalmente, la encontró en casa de su cuñado. Tuvieron una discusión, en la que el autor material del hecho ya avisó de lo que iba a hacer: “Es el último polvo que has echado con Alberto, porque lo voy a matar”, le dijo, según se considera probado. Rubén estuvo presente en esa conversación y, por lo tanto, era conocedor de lo que podía pasar.

En ese momento, Miguelillo se marchó, acompañado ya en todo momento por “El Perenne”. Ambos dieron numerosas vueltas en busca de la víctima. Varias personas los vieron e, incluso, a uno de ellos, le dijeron que iban a darle “un sustillo” a Magalhaes. Miguelillo cumplió su amenaza. Se apostó cerca de la casa del fallecido, donde lo esperó agazapado. Le descerrajó un tiro por la espalda, a apenas un metro de distancia, que le atravesó la cabeza. Murió prácticamente en el acto. El autor material del disparo se montó en el coche, donde su cuñado Rubén lo estaba esperando. Otro testigo vio el vehículo huir de forma rápida del lugar.

Ambos se dirigieron hasta la casa familiar y, desde ahí, Miguel se fue hasta Fuengirola, donde fue detenido días después. Su cuñado lo cubrió, mintiendo a la Policía al asegurar que no salió de su domicilio aquella madrugada. Al día siguiente, ambos se cruzaron varios mensajes. El autor del crimen le dijo a su cuñado que se había quedado “más a gusto que un arbusto”. También dijeron que debían controlar a sus respectivas esposas para que no hablaran. Frases que, según el jurado, confirman que tenían un plan preconcebido para matar y escapar. “El Perenne” aseguró en el juicio que no sabía lo que pensaba hacer “Miguelillo” y que su única intención era sacarlo de su casa para que no pudiera hacerle daño a su familia.

Con este veredicto, el fiscal mantuvo su petición inicial de condena para Miguelillo, esto es, 23 años de cárcel por asesinato y tenencia ilícita de armas. Es la pena máxima por estos delitos. Para “El Perenne”, solicitó 20 años de prisión por el asesinato. Las defensas, por el contrario, reclamaron el mínimo castigo: 16 años para el autor material del crimen y 15 años para el cooperador necesario. Será el magistrado Saturnino Regidor, que ha presidido el tribunal del jurado, el que tenga que emitir la sentencia en los próximos días. Ya como condenados, ambos regresaron a la cárcel.